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9 Vidas Perdidas: Ahora te toca suplicar romance Capítulo 3

Sin embargo, los sueños son lo opuesto a la realidad.

Después de todo, Cristian la odiaba.-

Llevaban más de diez meses casados y ni siquiera quería tocarla.

¿Cómo iba a querer tener un hijo con ella?

Zoa respiró profundo y salió de la habitación para empezar el día que llevaba repitiendo durante más de diez meses.

Primero fue a la cocina por el desayuno especial que su suegra, Doña Leonora, tomaba a diario.

Cuando entró al comedor, se detuvo en seco.

Don Claudio Quintero estaba sentado en la cabecera, con los mayores de la familia a los lados. Toda la habitación la juzgaba con la mirada.

Por alguna razón, la escena le resultaba muy familiar.

Al ver que no se movía, su suegra, Doña Leonora, la miró de reojo y tosió con ligereza.

—Sin modales.

Esa simple frase era suficiente para hacer que Zoa caminara sobre cáscaras de huevo en la familia Quintero.

Estaba a punto de explicarse, cuando escuchó el sonido de una silla de ruedas moviéndose frente a ella.

—Discúlpate.

La voz fría no admitía réplicas.

Zoa levantó la vista y se encontró con los ojos burlones de Cristian.

Aunque estaba en silla de ruedas, su rostro seguía pareciendo de porcelana, exudando un aura de nobleza.

Golpeó el reposabrazos con la yema del dedo, como si le advirtiera o le cuestionara.

*Zoa Serna, ¿tienes siquiera el derecho de dar explicaciones?*

No.

No solo carecía del derecho de explicarse, sino que ni siquiera merecía llamarlo por un apelativo cariñoso.

—Lo siento, Don Claudio, Doña Leonora, y a todos los presentes, fue mi culpa hacerlos esperar.

Zoa se inclinó y giró para disculparse, viéndose más sumisa que cualquiera de los empleados.

Pero aun así, nadie le agradeció el gesto.

Don Claudio dio un lento sorbo a su taza, su mirada sobrepasó a Zoa y se posó en Cristian.

—Cristian, ¿no tenías algo que anunciar?

La sala se quedó en silencio al instante.

Al escuchar sus palabras, las pupilas de Zoa se encogieron y su cuerpo tembló ligeramente.

La tapa de la taza que sostenía repiqueteó un poco en sus manos.

Inconscientemente miró los labios entreabiertos de Cristian, sintiendo cómo se asomaba un mal presentimiento.

Capítulo 3 1

Capítulo 3 2

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