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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 517

La mirada de Sabrina Gómez estaba perdida, llena de una profunda conmoción. Era evidente que el impacto de esta revelación no era menor que el de lo que acababa de suceder.

Al ver su reacción, Macarena Molina supo que por fin lo había entendido.

En realidad, no tenía la intención de contarle nada de esto. Lo que Sabrina pensara de Abril Cordero, o cuánto la quisiera, era asunto suyo; Macarena no planeaba involucrarse en eso. Ella iba a luchar contra Abril hasta las últimas consecuencias.

Sin embargo, al ver que Sabrina había acudido a la abuela Paula para suplicar por Abril, comprendió que si no le abría los ojos, seguramente le traería más problemas en el futuro.

—Incluso si no lo hizo a propósito, al saber que estarías en problemas, fue capaz de ocultar la verdad y dejar que te enfrentaras al peligro sola.

—Si fue capaz de hacerte eso a ti, ni hablar de lo que me haría a mí.

—Así que ya debes entender mi postura. No me importa lo que tú o el resto de la familia Gómez digan, no voy a ceder.

Macarena habló con un tono frío e implacable.

Tras decir esto, dio media vuelta y se marchó.

Esta vez, Sabrina no intentó detenerla. Se quedó petrificada en su sitio, sintiendo cómo algo en lo más profundo de su corazón terminaba de pudrirse.

El cielo estaba gris y encapotado.

En la calle, un auto aceleró a toda velocidad entre los gritos alarmados de los transeúntes, dirigiéndose directo a la zona residencial donde vivía Abril.

Fermín Gómez pisó el freno de golpe.

Las llantas chirriaron contra el asfalto con un ruido ensordecedor, atrayendo las miradas de los curiosos. A Fermín no le importó; bajó del auto con grandes zancadas, llegó a la entrada de la casa y tecleó la contraseña.

Era la casa que él mismo había mandado preparar para Abril tiempo atrás. No la había visitado muchas veces, pero se sabía el código de memoria.

Era la fecha de cumpleaños de Abril.

Durante todos estos años, las contraseñas de su mansión, de sus puertas y de sus cuentas personales habían sido exactamente la misma combinación de números.

Al principio, había sido la contraseña que Abril configuró antes de que terminaran. A Fermín no le pareció la gran cosa, así que nunca la cambió. Más tarde, al darse cuenta de que Macarena sufría cada vez que veía esos números, mantenerla se convirtió en una forma retorcida de vengarse de ella. Hasta el día de hoy, nunca la había modificado.

Pero en este momento, Fermín sentía que el pecho le sangraba.

Toda esa venganza de la que tanto se enorgullecía no era más que una ridícula farsa.

Fermín empujó la puerta y un intenso olor a alcohol lo golpeó de inmediato.

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