En aquel entonces, la madre de Macarena había utilizado la deuda de gratitud por haberles salvado la vida para obligarlos a separarse.
Todo el mundo creyó que Abril había sido acorralada y que no tuvo más remedio que irse del país.
Pero ahora, ella misma le confesaba que había aceptado la ruptura y que su viaje al extranjero fue financiado por la indemnización que le dio la madre de Macarena.
¿Dónde estaba la supuesta coerción?
¿Qué sentido había tenido toda la venganza que descargó sobre Macarena durante estos años?
Las manos de Fermín temblaban, con los nudillos marcados y los ojos enrojecidos como si estuvieran a punto de sangrar.
En marcado contraste, Abril lucía extrañamente tranquila.
—Porque te amo, y no quería separarme de ti.
—Si no querías terminar, ¿por qué aceptaste el trato? —exigió Fermín.
—Porque necesitaba la oportunidad. Quería poder estar a tu lado en igualdad de condiciones. Odio que la gente me mire con lástima, como si fuera la Cenicienta.
—Fermín, tú naciste en cuna de oro. Tienes un estatus privilegiado y nadie se atreve a faltarte al respeto. Por eso hay mucha malicia oculta que no logras ver, y no entiendes lo que significa llegar a la cima para alguien que se ha pasado la vida entera en el fondo.
—Yo quería estar contigo con la frente en alto. Quería que tu madre reconociera mi valor y aceptara nuestra relación.
Pero no podía decirle esas cosas a Fermín, ni tampoco podía permitir que fuera la familia Gómez quien financiara sus estudios en el extranjero.
Si el impulso inicial venía de los Gómez, no importaba qué tan exitosa fuera al regresar, siempre estaría un escalón por debajo de ellos.
La intervención de la madre de Macarena lo cambió todo.
Esa mujer prometió guardarle el secreto, y Abril supo que podría usar la situación para ganarse la compasión de todos. La familia Gómez incluso sentiría algo de culpa hacia ella; aunque fuera solo un poco, bastaría para que las cosas fueran distintas.
Abril sonrió, con la mirada perdida en el rostro de Fermín.
Todo se había estado desarrollando exactamente en la dirección que ella planeó.
Lo único que nunca calculó, su única variable imprevista, fue el propio Fermín.
Durante el tiempo que estuvo lejos, él se enamoró de Macarena.

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