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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 548

—Bueno, suficiente por hoy. Tengo trabajo atrasado, así que me voy a mi oficina.

Con una última sonrisa, Macarena se dio la media vuelta y se marchó.

Ronan se quedó mirando cómo se alejaba. Su corazón latía con fuerza, inundado por una inquietud que no podía sacudirse.

La ansiedad le carcomía las entrañas.

Más tarde, había escuchado al abogado contar lo sucedido en la mansión de Abril Cordero. Sabía que Fermín no era la clase de hombre que daba las cosas por terminadas tan fácilmente.

Él podía decir que ese dinero era una compensación, pero si el rumor se esparcía, la gente no iba a pensar lo mismo.

Años atrás, por un descuido suyo, la vida de Leita casi había sido destruida por un infeliz.

No iba a permitir que Macarena corriera la misma suerte a manos de otro hombre.

Tras unos segundos de silencio, sacó su celular y le envió un mensaje a Fermín.

Tenemos que vernos.

...

Esa noche, después de cenar, Macarena estaba en su cama mimando al gato cuando entró una videollamada de Benicio.

Rápidamente saltó de la cama, se acomodó el cabello frente al espejo para asegurarse de que se veía bien, y por fin aceptó la llamada.

En la pantalla apareció Benicio, sentado cómodamente en un sofá.

Por la ventana a sus espaldas se asomaba el atardecer, bañándolo en una luz dorada que acariciaba sus hombros. Al estar a contraluz, Macarena no podía distinguir del todo sus facciones.

Aun así, la escena era tan malditamente hermosa que le quitó el aliento.

Se quedó embelesada por un instante.

—¿Qué estás haciendo? —le preguntó Benicio, con una sonrisa pícara.

Capitán estaba a un lado limpiándose las patas. Macarena lo agarró en brazos y lo acercó a la cámara.

De repente, la pantalla de Benicio se llenó con la enorme cara del felino, cuya naricita se movía como si estuviera olfateando el lente.

Benicio soltó una carcajada.

—¿A poco no es precioso? —bromeó Macarena.

—Precioso —respondió Benicio, sin apartar la mirada de ella.

Ella soltó una risita suave. Estaba a punto de decir algo más, cuando la voz de Benicio se volvió grave.

—Macarena... te extraño muchísimo.

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