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A Once Años de Mi Muerte romance Capítulo 33

—Quiero aprovechar este momento para agradecerles a todos por el esfuerzo que han hecho por la empresa durante estos años. Lo de mi hermano, bueno, ustedes saben cómo es, su capacidad no se oculta, pero reconozco que últimamente ha tomado algunas decisiones poco acertadas. Les pido de corazón que tengan paciencia con él.

—Y para agradecerles esa comprensión, voy a dar dos millones de pesos como bono para todo el equipo. Espero que de ahora en adelante todos estén pendientes de que él lleve bien la empresa. ¡Si vuelve a hacer alguna tontería, me llaman y yo misma vengo a ponerle un alto!

Un segundo antes, todos estaban en shock.

Un segundo después, la sala de juntas explotó en aplausos.

Así es como se gana el respeto: ¡qué genial la señorita Lorente!

Quizás no parece mayor por su edad, pero lo que proyecta, sin duda, es de alguien experimentada.

Federico se quedó quieto, mirando a Cristina mientras hablaba.

En ese instante, ella no tenía nada de la típica chica de dieciocho años. Todo en ella gritaba madurez, decisión y valentía.

La luz del techo la bañaba desde arriba, pero ni toda esa iluminación podía igualar el brillo que ella misma desprendía.

Federico por fin entendió cómo, a sus catorce años, su hermana había convencido a los más veteranos de la empresa de no traicionar a su familia.

Había algo en ella, una fuerza que no se podía explicar, algo que hacía que todos confiaran en ella.

Pero, ¿cómo podía ser así si solo tenía dieciocho? ¿No debía estar viviendo una juventud despreocupada y soñadora?

¿Por qué tuvo que volverse así?

La respuesta era dolorosa: desde que sus padres murieron de manera inesperada, ella había tenido que cargar con el peso de la familia.

No quería que sus tres hermanos sufrieran, sentía que como hermana debía dar el ejemplo. Y así, se obligó a convertirse en esa persona fuerte.

Antes, cuando sus padres vivían, ella era la princesa de la casa, todos la consentían, hasta para pasarle un vaso de agua había quien corría a ayudarla.

Pero después de perder a sus padres, fue capaz de tomar la escoba y enfrentar lo que viniera, de quedarse despierta hasta tarde para asegurarse que todos durmieran bien, y solo entonces irse a descansar.

Un dolor agudo le atravesó el pecho a Federico, el remordimiento se le clavó en el alma, y cerró el puño sin darse cuenta.

¿Qué estaba haciendo él?

Se suponía que, siendo ya mayor que su hermana, era quien debía protegerla.

Era su turno de hacerse cargo de ella, de que ya no tuviera que preocuparse por nada.

¡Pero seguía dejando que fuera ella quien resolviera todo!

¡No tenía perdón!

La jugada de su hermana era para ayudarle a ganar la confianza de la gente.

Él sabía que últimamente algunos directivos querían irse y todavía no había tenido tiempo de lidiar con eso.

Cristina había salido al frente, lo había defendido.

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