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A Once Años de Mi Muerte romance Capítulo 34

El sol pegaba con fuerza esa mañana, así que Fátima se bajó la visera de la gorra, buscando refugio de los rayos que amenazaban con oscurecerle la piel. Odiaba la idea de broncearse.

Revisó su celular para ver la hora. Hacía ya media hora que le había mandado la ubicación a Federico.

Y nada de Federico.

Ese lugar no estaba lejos de Grupo Estrella. En carro, veinte minutos como máximo.

¿Será que había tráfico?

Fátima, recelosa, volvió a escribirle por WhatsApp.

[Fede, ¿te atoraste en el tráfico?]

Pasaron diez minutos. Federico seguía sin contestar.

Fátima frunció el ceño y le mandó otro mensaje.

[Fede, ¿ya vienes o qué?]

Diez minutos más y nada. Federico no daba señales de vida.

El entrecejo de Fátima parecía poder atrapar una mosca de lo apretado que lo tenía.

¿Qué onda con este tipo?

Prometió venir y ahora desaparece.

¿Dónde quedaba el sentido común de Federico?

Su asistente, que se abanicaba con un mini ventilador, notó el mal humor de Fátima y preguntó:

—¿Qué pasa? ¿Federico ya no va a venir?

Fátima, furiosa, estuvo a punto de aventar el celular.

—¡El tipo desapareció! ¡No me contesta los mensajes!

La asistente se mostró incrédula.

—¿Cómo crees? ¿No que era una gran oportunidad para él? ¿Y la va a dejar pasar así de fácil?

Fátima entrecerró los ojos, suspicaz.

—Yo digo que seguro su celular lo tiene otra mujer. Esa tipa no lo deja contestarme ni dejarlo salir.

—¿Quién? ¿Tiene otra mujer cerca de él?

Fátima apretó el celular, los nudillos blancos de la rabia.

—Seguro es la que salió en las fotos la otra vez. Dijo que era su hermana, pero yo no me trago ese cuento. Esa tipa tiene pinta de trepadora. ¡Es una trepadora, seguro!

La asistente, igual de indignada, reviró:

—¡Federico sí que anda mal! Pero ni te claves, la neta. Si ni te gusta. Además, el actor René siempre te está mandando mensajes, ¿no? Ya lograste lo que querías, acercarte a Federico para poner celoso a René.

Fátima apretó los dientes.

—¿Cómo crees que me voy a quedar así? ¡Ni de chiste! Federico era mío desde el principio. Si esa trepadora cree que puede quitármelo, no sabe con quién se metió.

La asistente ya entendía mejor.

Fátima no podía tragarse el coraje.

Con lo guapa y exitosa que era, ¿cómo se atrevía Federico a dejarla plantada por otra? Eso lastimaba su orgullo.

—Pero ni sabemos quién es la tipa, ¿qué hacemos?

Fátima bajó la mirada, pensativa.

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