Josefa había perdido por completo la razón y estaba al borde de la locura:
—¡En Solsepia no hay nada que la familia Muñoz no pueda arreglar!
—Es solo el antro ese, Oro & Noche. Si se quema, que se queme. Ya quiero ver qué tan alzaditas se portan Beatriz y Amaya cuando se queden sin su negocito.
—¡Qué «el mejor club nocturno de Solsepia» ni qué nada! ¡A partir de hoy, voy a hacer que desaparezca por completo! ¡Ojalá esas dos se mueran de una buena vez!
Tras escupir toda su rabia por el teléfono, Josefa colgó de golpe.
Sonia presionó el botón de guardado con satisfacción. Guardó la grabación cuidadosamente, cruzó miradas con Vera y esbozó una ligera sonrisa.
Vera preguntó:
—Mamá, ¿grabar a la tía Josefa para tener pruebas? ¿No es pasarse un poco de la raya?
Sonia le respondió:
—Con un problema de este tamaño, si no grabamos esto, ¿qué pasa si el día de mañana tu tía nos echa la culpa de todo? Es mejor prevenir.
Vera asintió con una sonrisa. No dijo nada más, simplemente sacó su teléfono y llamó a la persona que ya tenía contactada de antemano.
***
A altas horas de la noche.
Amaya cocinó varios platillos especialmente para darle la bienvenida a Beatriz.
Había pasado mucho tiempo desde la última vez que madre e hija habían podido cenar a solas y tranquilas, ahora con la pequeña bebé acompañándolas.
Al terminar, Beatriz se limpió la boca con una servilleta.
—Le cocinaste mucho a Diego estos años, ¿no? Tienes muy buena sazón.
Amaya sonrió, algo avergonzada.
—Sí.
Beatriz la miró, un tanto decepcionada por su antigua ingenuidad.
—Le diste todo tu corazón y al final no sirvió de nada. Te lo advertí desde el principio, te dije que te mantuvieras alejada de todos los Muñoz. Pero no quisiste escuchar, y ahora te diste de topes contra la pared, ¿verdad?
En el pasado, Amaya se habría puesto a pelear con Beatriz a la menor provocación.
—Yo no soy de las que se quedan estancadas en el pasado.
—Mi pleito con Josefa era asunto nuestro. Cada quien es responsable de sus actos, y nunca quise meter a la siguiente generación en nuestros problemas.
—Solo que se me olvidó que en este mundo no todos tienen la madurez para darle vuelta a la página.
Beatriz se giró hacia Amaya, luego miró a Renata, que descansaba plácidamente en su cuna, y una expresión de melancolía apareció en su elegante rostro.
—Si hubiera sabido cómo las iban a tratar a ti y a Reni, te habría separado de Diego aunque me costara la vida. Pero ya ni llorar es bueno. Lo hecho, hecho está.
—Pero Ami, a veces en la peor de las crisis es cuando encontramos la salida. Ya que llegaste a este punto, no te dejes llevar por el sentimentalismo ni te quedes dudando. Renata tiene su propio camino, y si le toca crecer sin el amor de su padre, ni modo, todo pasa.
—Te apoyo cien por ciento con el divorcio. Así Diego te ruegue de rodillas, no regreses. Si te equivocaste de hombre, hay que cortar por lo sano antes de que sea tarde. Te lo digo por experiencia propia; a mí me costó lágrimas de sangre entenderlo.
Dicho esto, Beatriz le palmeó el hombro.
Esa noche, Amaya no pudo pegar el ojo en toda la madrugada debido a las palabras de su madre.
Alrededor de las tres de la mañana, como no podía dormir, revisó su celular y una noticia de última hora la hizo saltar de la cama de golpe.

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