Inmensas llamas se alzaban desde Oro & Noche, el club nocturno de Beatriz.
El resplandor del fuego teñía todo el cielo de rojo, mientras decenas de personas, que hasta hacía un momento disfrutaban de la fiesta, salían corriendo presas del pánico.
En las tomas de los noticieros se veía un caos total en la escena. Los bomberos llegaban con sus camiones y escaleras, entrando una y otra vez, mientras la policía intentaba evacuar a la multitud con desesperación.
Amaya sintió que el alma se le caía a los pies y abrió la puerta de su cuarto de un tirón.
Casi al mismo tiempo, Beatriz salió de su habitación con el cabello alborotado, poniéndose ropa a toda prisa mientras caminaba hacia la salida.
—¡Ami, se está quemando Oro & Noche! ¡Tengo que ir para allá!
Era obvio que ella también había visto la noticia. Sin importarle nada más, corrió hacia las escaleras.
—¡Mamá! ¡Espérame! ¡Te acompaño!
Al verla, Amaya ni siquiera se molestó en quitarse la pijama y bajó corriendo detrás de ella.
—¡Tú a qué vienes! Reni está sola en la casa, yo voy a ver qué pasó —le gritó Beatriz, volteando hacia ella.
Pero Amaya se acercó decidida y la tomó con fuerza de la muñeca.
—Mamá, tengo que ir. ¡Apenas te operaron, no puedes arriesgarte a que te pase algo!
—Reni se queda con Marta. Tengo que estar contigo allá.
—Mamá, hazme caso... no te hagas la fuerte ahorita. Prométeme que, pase lo que pase, vas a aguantar. Tienes que vivir por mí y por Reni, ¿entendido?
La mirada de Amaya era fría pero inquebrantable, con una determinación que no admitía discusiones.
Sin esperar respuesta de Beatriz, despertó a Marta a gritos y le encargó cuidar de Renata.
Luego, corrió a la cochera para sacar su camioneta y, con un movimiento de cabeza, le indicó a Beatriz que subiera.
En todo el proceso, no le dio a su madre ni un segundo para replicar. Esa fuerza y determinación para protegerla dejaron a Beatriz pasmada por un momento.
Desde que había tenido a su hija, Amaya parecía haber madurado de golpe. Se había vuelto más fuerte, valiente, imparable; capaz de cualquier cosa.
Era algo bueno. Ese era el poder que el amor de madre le daba a una mujer.
Sin tiempo para ponerse nostálgica, Beatriz subió al asiento del copiloto y ambas se dirigieron a toda velocidad hacia el incendio en Oro & Noche.
Media hora después, llegaron al lugar.


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