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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 168

—¡Ah, claro! Y la principal culpable, Vera. ¡Háganla suplicar perdón de rodillas frente a Amaya!

—¡De lo contrario, ni se hagan ilusiones de que Amaya va a regresar con los Muñoz, y mucho menos de que su hija ponga un pie con ustedes!

Sofía gritaba a todo pulmón mientras seguía golpeando la mesa. Aunque le dolían las manos por el impacto, en el fondo sentía una enorme satisfacción.

Todos estos años, había sido testigo de cada cosa que Amaya había tenido que tragar y soportar.

Hacía mucho tiempo que no soportaba a los Muñoz ni en pintura, pero se había guardado todo su desprecio por el bien de su amiga.

Ahora, las cosas eran muy diferentes... ¡Su amiga por fin había abierto los ojos y se había superado!

En ese momento, no solo estaba dispuesta a brincar y enfrentar a los Muñoz; si Amaya le hubiera dado una pistola, ella misma habría ido a agarrarse a balazos contra todos ellos con tal de defenderla.

No lo hacía por otra cosa más que por hacerle justicia a su mejor amiga y cobrárselas todas juntas.

En un momento así, estaba más que dispuesta a interpretar el papel de la villana.

Iba a decirle a la familia Muñoz todas las groserías y verdades que su amiga no podía decir, ¡y les echaría encima toda la basura que ellos alguna vez le habían tirado!

El rostro de Leonor palideció de rabia. Se levantó de un salto:

—Amaya, ¿vas a dejar que tu amiga siga provocando así?

—Hoy dejamos a un lado nuestro orgullo y vinimos con la mejor intención a platicar contigo de corazón. Si permites que tu amiga siga hablando tanta estupidez, ten por seguro que... jamás se repetirá una oportunidad como esta.

El rostro de Amaya permanecía inalterable como el agua en calma y en sus ojos no había ni la más mínima vacilación:

—Mi amiga tiene toda la autoridad para representarme. Lo que ella diga, es exactamente lo que yo pienso.

—Antes, tu familia a la menor provocación decía que yo estaba mal y me obligaba a pedir perdón. En los cinco años que llevo casada, le he pedido disculpas a cada miembro de la familia Muñoz, y eso que cada vez que lo hice, jamás supe ni de qué se me culpaba.

—Entonces, exigir que tu mamá y Vera vengan a disculparse conmigo personalmente, ¿es pedir demasiado?

—Haciendo todo este circo y perdiendo la dignidad, ¿no estás pensando en cómo afectará eso a tu hija en el futuro?

Diego notó enseguida que la conversación se estaba yendo a pique y la cortó:

—¡Leonor, ya basta, no digas nada más!

—Olvídate, estando aquí solo lo empeoras. Mejor vete. ¡De lo que falta, yo me encargo de hablarlo con Amaya!

Diego de verdad creyó que la intervención de Leonor le quitaría un peso de encima, pero ahora sentía que había salido contraproducente.

Le dio un leve empujón a Leonor, deseando fervientemente que se fuera ya.

Pero justo ese gesto activó los peores caprichos de niña mimada de su hermana. En un arranque de coraje incontrolable, levantó la mano dispuesta a plantarle una bofetada a Diego.

Sin embargo, Diego dio la media vuelta justo a tiempo; la mano se desvió y el golpe aterrizó con una fuerza brutal en la cara de Amaya.

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