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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 170

Todo ocurrió de una forma repentina.

Para cuando Amaya parpadeó y se dio cuenta, Diego ya estaba tirado en el suelo completamente inconsciente. Por puro instinto, corrió hacia él para checar cómo estaba.

—¡No manches! ¿Qué le pasó? ¿Se desmayó? —soltó Sofía espantada.

Tras comprobar que Diego seguía respirando, Amaya tomó su celular y llamó de inmediato a Julio.

Por suerte, el asistente se había quedado esperando a las afueras del restaurante. En cuanto se enteró, subió corriendo para ayudarlo a ponerse de pie, y entre los tres lo trasladaron de urgencia al hospital más cercano.

Después de ingresar a Diego a urgencias, Amaya se secó el sudor frío de la cara y se volvió hacia Julio:

—¿Qué diablos pasó? Que yo sepa, él siempre tuvo muy buena salud.

Julio la miró de reojo y suspiró con desánimo:

—Señora, desde que usted y la niña se fueron, el señor Muñoz no ha pegado el ojo ni una sola noche. Y con el peso de la empresa en el día, sumado a todo este alboroto, hace unos días le pegó un resfriado muy feo y lo ha traído a rastras. Lo más probable es que ya no aguantó más el cansancio y por eso se nos desmayó.

Amaya parpadeó sorprendida al escucharlo.

—¿Sufre de insomnio? No lo creo. Si él era el primero en predicar su regla de oro de dormir exactamente siete horas.

Diego representaba a la perfección el perfil de directivo de negocios que era calculador en cada aspecto. Siempre planificaba a la medida todo su tiempo; ya fuera comida, lectura o descanso, él medía al milímetro su agenda diaria.

Mantenía un nivel de disciplina muy estricto y cuidaba su descanso con bastante meticulosidad. Si era necesario, se obligaba a cumplir con sus siete horas completas, por eso, en cinco años juntos, ella jamás lo había visto batallar para dormir.

—El señor Muñoz sufría de insomnio desde mucho antes de conocerla, señora —replicó Julio—. Consultó a varios médicos, pero nadie le dio un remedio efectivo.

Justo en ese punto de la historia, Julio echó un vistazo de reojo para asegurarse de que nadie estuviera viendo y decidió soltarle otra verdad:

—La verdadera razón por la cual él estuvo tan determinado a pedirle matrimonio, señora, fue precisamente porque decía que abrazarla lo relajaba; que al hacerlo podía conciliar el sueño en cuestión de segundos. El señor Muñoz no carece de sentimientos hacia usted, simplemente nunca se le ha dado expresar todo lo que piensa con palabras.

Se le vino a la memoria el color oscuro en el contorno de los ojos de su esposo y se quedó sin saber qué decir.

En eso, se abrieron de par en par las puertas de urgencias. Apareció Diego, tendido en una camilla rodante. Uno de los doctores en el área se arrimó a informar de lo ocurrido:

—¿Algún familiar de Diego Muñoz? Mire, debido al agotamiento crónico y la falta de sueño, el cuerpo le está cobrando factura y su salud está pendiendo de un hilo. Si todo se mantiene en estas circunstancias, lo más seguro es que derive en enfermedades muy serias para él.

—Le suministré un fuerte cóctel de somníferos por el momento. Pero claro, es evidente que estas soluciones a largo plazo pueden volverse contraproducentes, así que le pido encarecidamente que, como urgencia prioritaria, busque alternativas naturales para que el paciente tenga descanso.

El diagnóstico era justo lo que había confesado Julio.

Al fijar la vista en el rostro inmóvil de Diego, Amaya frunció el ceño percatándose de lo demacrado que se veía. Aquel atractivo imponente y elegante que su esposo solía portar de joven ahora se había consumido, transformándolo por completo. Tenía los pómulos afilados, y las ojeras parecían moretones. Incluso el tono de su piel daba la apariencia de color tierra.

Él era el hombre más pulcro y obsesionado por el cuidado personal que existía, pero hoy presentaba barba sin arreglar. Realmente la vida lo estaba exprimiendo poco a poco.

—Oye, una vez vi un documental donde explicaban que la falta de sueño aumentaba el riesgo de infarto... Oye, Ami, Diego... no se irá a morir, ¿o sí? —cuestionó Sofía, pegándose al oído de Amaya para expresarle sus dudas en un tono bastante tenue.

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