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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 182

¿Tú me dices que lleve a mi hija y yo tengo que obedecer?

—¿Qué te crees, el rey de Roma o Dios? ¿Con qué derecho me exiges eso? ¿Por qué tendría que llevar a mi hija a verte?

—Y encima me das veinte minutos... No manches, ¿qué te pasa? ¿Me viste cara de repartidora? ¡Hasta para pedir comida a domicilio se debe tener un mínimo de educación!

Ya estaba harta de todos y cada uno de los miembros de la familia Muñoz.

Ya no soportaba sus ínfulas de superioridad.

Ahora solo quería mandar todo al diablo; no pensaba tolerar nada más ni permitirse pasar por el más mínimo maltrato.

Le valía madre quién fuera él; que fuera el padre de Diego no le importaba. Cuando ella le había mostrado todo el respeto del mundo, él la había tratado como basura.

Así que esperar respeto de su parte ahora, era imposible.

Rubén jamás imaginó que, después de rebajarse a llamarla personalmente, Amaya le saliera con esa actitud.

Como tenía el teléfono en altavoz, las palabras de Amaya se sintieron como un par de cachetadas directas en su cara.

Durante todos esos años, a dondequiera que fuera, la gente lo admiraba y le lanzaba halagos; nadie se había atrevido nunca a ponerlo en su lugar de esa manera.

Rubén enfureció por completo, las venas de la frente y el cuello se le marcaron por el coraje; el corazón le latía a mil por hora y la cara se le puso roja del enojo:

—¡Amaya! ¡Soy tu suegro!

—¡No puedo creer que me hables con esa actitud! ¡Tú... eres una atrevida y una maleducada!

—Nunca la han considerado de la familia, ni en las cosas más importantes ni en los detalles del día a día, ¿y todavía esperas que ella te respete? ¡Por favor! El respeto se gana, y con la actitud que se cargan, ella debió haberlos mandado a volar desde hace mucho.

—¡Rubén, deja de quererte imponer con mi hija usando tu edad! ¿Un viejo amargado como tú se cree digno de exigirle respeto a mi Amaya?

—¡Para mí, mi hija estaba ciega por haberse fijado en tu hijo!

—¿Una familia como la suya todavía quiere ver a la niña? ¡Ni lo sueñen! ¡Ustedes merecen pudrirse solos! ¡Dios todo lo ve!

Tras gritarle al teléfono, Beatriz estaba tan furiosa que aventó el celular de Amaya contra el suelo.

Al otro lado de la línea, Rubén se quedó petrificado tras escuchar la lluvia de insultos de Beatriz. Se quedó inmóvil, con la mirada vacía, y el celular se le resbaló de las manos, cayendo al suelo con un golpe sordo.

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