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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 193

Amaya soltó un quejido por el dolor y levantó la mano para darle una bofetada en toda la cara:

—¡Diego, la neta estás enfermo!

Sin embargo, antes de lograr golpearlo, Diego la agarró por las muñecas y las aplastó contra el respaldo por encima de su cabeza.

Empezó a besarla desde su largo cuello hacia abajo, dejándole una incesante cantidad de marcas y chupetones sobre la piel, justo debajo de la clavícula.

Justo cuando Amaya abrió la boca con toda la intención de mentarle la madre, él volvió a silenciarla con otro beso feroz y descontrolado, robándole por completo el aliento.

No supo cuánto tiempo pasó, pero Diego solo se dignó a separarse cuando ella sintió que estaba a punto de desmayarse por falta de aire.

La tomó del cuello con fuerza, clavando en ella una mirada envenenada por la obsesión y el instinto de posesión:

—¡Que te quede claro, tú eres mi mujer!

—¡Estás loco! —masculló Amaya entre dientes.

Diego la miró con una sonrisa torcida, evidentemente al límite del colapso:

—Sí, estoy loco. Me tienes tan harto que casi me da un infarto por tu culpa.

Amaya le lanzó una mirada llena de asco. Aprovechando un momento en que bajó la guardia, dobló la pierna y le tiró un fuerte rodillazo directo a la entrepierna:

—¡Entonces muérete de una buena vez y déjame en paz!

Diego se hizo hacia un lado esquivando el golpe de milagro, pero el movimiento repentino lo obligó a aflojar el agarre.

Amaya aprovechó la oportunidad para zafarse de sus brazos a toda prisa.

Se miró el pecho lleno de marcas rojas que le daban asco, se limpió el rastro de sangre de la comisura de los labios y sintió cómo la sangre le hervía de coraje.

Esa maldita impotencia de querer cortar todos los lazos con él, pero terminar siendo sometida a la fuerza en contra de su voluntad... ¡era repugnante, demasiado humillante!

Ella, Amaya Ibarra, ¡tenía que conseguir que Diego firmara ese maldito divorcio cuanto antes!

Cerró los ojos un instante, y al abrirlos su voz sonó helada:

—Más te vale que te vayas preparando, Diego. Mañana mismo te llegarán dos demandas. Una por el divorcio, y otra por el asunto de los derechos de autor de Edificio Horizonte.

—Voy a ganar las dos peleas legales, tenlo por seguro. Y si no me crees, ¡ya lo verás!

Sin darle tiempo a replicar, Amaya empujó la puerta con todas sus fuerzas, desesperada por escapar de aquel coche que le asfixiaba.

Sin embargo, Diego extendió el brazo bruscamente y le frenó la mano contra la puerta.

La miró con unos ojos pesados, llenos de un evidente agotamiento emocional:

—Amaya, cinco años de casados... ¿de verdad tenemos que llegar a los tribunales como si fuéramos enemigos a muerte?

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