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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 196

Su mirada se posó en las puntas del cabello de Amaya, que aún goteaban. Frunció un poco el ceño y habló con una genuina preocupación:

—Voy a prepararte un té caliente para que no te vayas a enfermar.

Amaya se sentía pegajosa y bastante incómoda, así que no se hizo del rogar; tomó la ropa y entró al baño.

La decoración del lugar era muy elegante, y en el aire flotaba un aroma sutil a fresia y madera de pino que, de alguna manera, logró relajar sus tensos nervios.

Cuando Amaya salió de la regadera, Romeo estaba de pie frente a la barra de la cocina abierta.

A través de las persianas de madera, vio que el hombre se había arremangado la camisa blanca, dejando al descubierto sus antebrazos.

Estaba concentrado moviendo el contenido de una olla de hierro, tan inmerso que el simple acto de cocinar parecía una obra de arte en él.

Poco después, él le puso un elegante plato hondo enfrente.

—Cómetelo mientras esté caliente —dijo Romeo al pasarle una cuchara, con voz suave—. Es un caldo caliente para que entres en calor y te sientas mejor.

Amaya de verdad sentía un hueco enorme en el estómago.

Tomó una cucharada y, al probarla, el sabor reconfortante invadió su paladar, mientras un calor agradable bajaba por su garganta hasta llegar al vientre.

Apretó ligeramente los dedos alrededor del plato y bajó la mirada. Al levantarla para ver a Romeo, sus ojos reflejaron un remolino de emociones.

—Gracias, Romeo —murmuró.

Romeo se sentó frente a ella con una taza de té en las manos, a la que ni siquiera le había dado un sorbo.

La miró con total franqueza:

—Amaya, tu salud es lo primero.

Su tono fue suave, pero hablaba muy en serio:

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