Entrar Via

Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 219

Aquel tono de voz era agudo, estridente y, sobre todo... familiar.

Al escucharlo, Diego sintió como si le hubieran dado una bofetada que le ardía en la cara; su mente nublada recuperó un poco de lucidez de golpe.

Al segundo siguiente, juntó las rodillas, se puso de pie y se giró hacia la dirección de donde provenía la voz.

La mujer llevaba el cabello largo y ondulado, un vestido negro ajustado y una mascada Hermès color naranja sobre los hombros. Lo miraba por encima del hombro, con el rostro cargado de desprecio y burla.

Increíblemente, era su hermana, Melina Muñoz.

Diego adoptó una expresión gélida y habló con voz distante:

—Melina, ¿qué haces aquí? ¿Cuándo regresaste al país?

Melina se acercó, lo agarró del brazo y lo fulminó con la mirada:

—¡Si no regresaba, esta mujer de verdad iba a poner la casa patas arriba!

—¡No manches, qué poco hombre eres! Una mujer de este tipo, te divorcias de ella y se acabó, ¡y tú todavía te atreves a rogarle perdón! Con razón papá está tan decepcionado de ti que hasta quiere convocar a la junta directiva para quitarte el puesto de presidente.

Diego rompió en un sudor frío:

—¿Qué dices? Melina, ¿cómo va a ser posible eso?

Melina le dio un puñetazo en el pecho:

—¡Si sigues arrastrándote por esta mujer, la presidencia de la empresa va a cambiar de dueño!

—Papá tiene otros tres hijos no reconocidos por ahí, su cabeza ya no está en esta familia. ¡Vámonos ahorita mismo!

Melina jaló a Diego para ponerlo detrás de ella y, acto seguido, miró a Amaya con furia.

En sus cinco años de matrimonio, las veces que Amaya había visto a Melina se podían contar con los dedos de una mano. En su memoria, esta era la más agresiva y de lengua más afilada de las tres hermanas de Diego.

Por instinto, se puso a la defensiva y dio un paso hacia atrás.

Y menos mal que lo hizo. Al segundo siguiente, la bofetada de Melina voló hacia ella de imprevisto, pero como Amaya había retrocedido, logró esquivarla a la perfección.

Al no darle en la cara, la expresión de Melina se volvió aún más feroz:

—¡Qué malagradecida eres! Entrar a la familia Muñoz te quedaba grande, y encima de que no lo valoras, ¡te pones a hacer un circo en toda la ciudad!

—¿Te quieres divorciar? ¡Sale! Diego no acepta, ¡pero yo acepto por él! Lárgate con tu hija de la familia Muñoz, pero te vas con una mano adelante y otra atrás, ¡no vas a ver ni un solo peso! Si aceptas, mañana mismo vamos al registro civil.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós a la Esposa Perfecta