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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 227

—¿Coche nuevo?

El corazón de Amaya dio un vuelco, tan sorprendida que casi dejó de respirar.

Ese carrito compacto que la había acompañado durante siete años lo compró con su primer sueldo cuando salió de la universidad; la verdad, ya andaba en las últimas.

Todavía tenía grabada la vergüenza de aquella vez que Romeo iba manejándolo y se les apagó a medio camino. Aún recordaba el calor en las mejillas cuando, muerta de la pena, balbuceó que "ya pronto iba a cambiar de auto".

«¿Acaso... Romeo se lo tomó en serio? ¿Y le avisó a mi hermano?».

Ese pensamiento la llenó de ternura. Emocionada, se agarró del brazo de Beatriz.

—¡Mamá, vamos rápido a verlo!

Bajaron de prisa y, a lo lejos, distinguieron un flamante Maserati GranTurismo color blanco, estacionado a la orilla de la avenida, luciendo como una auténtica obra de arte.

Ese coche era el sueño guajiro que Amaya había guardado por años.

Había seguido cada modelo nuevo que sacaban, con la meta de comprárselo como regalo de cumpleaños al llegar a los treinta.

Nunca imaginó que esa sorpresa le caería del cielo de forma tan repentina.

—Saúl, ¿cómo supieron que me encantaba este modelo? ¿Lo elegiste tú o mi hermano? —preguntó.

Amaya salió disparada hacia el auto, abriendo la puerta llena de curiosidad.

Al notar que los interiores eran del tono naranja que tanto le gustaba, la emoción se le desbordó de los ojos.

Saúl sonrió levemente y aclaró la duda:

—Ninguno de los dos. Fue recomendación del señor Ortega. Él le comentó a su hermano que este coche va perfecto con su estilo y que seguro le iba a fascinar. Además, es una edición limitada de aniversario, hay muy pocos en el mundo. El jefe tuvo que mover las influencias del señor Ortega para conseguirlo.

Amaya se quedó de piedra.

«¿El señor Ortega? ¡Ese tiene que ser Romeo!».

Resulta que él y su hermano ya llevaban rato planeando todo esto a sus espaldas.

Y pensar que en estos días se habían visto a diario para hablar del proyecto, y el muy cabrón no había soltado ni media palabra.

Vaya que sabía guardar un secreto.

Amaya no dejaba de darle vueltas al asunto, pero la enorme euforia de estrenar coche borró todas sus dudas.

Capítulo 227 1

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