Diego apretó los puños con fuerza, la calidez en sus ojos se desvaneció de golpe, dejando solo una mirada helada:
—¿Es verdad lo que están diciendo?
Melina le arrojó a Diego la versión electrónica del contrato de compra del coche que había conseguido:
—Míralo tú mismo. Esta firma, ¿de quién más podría ser sino de Romeo?
Diego, incrédulo, tomó el celular, con la vista clavada en la firma de la esquina inferior derecha de la pantalla. Sus pupilas se contrajeron y sintió que la cabeza le estallaba con un zumbido.
Conociendo a Romeo, no era del tipo de hombre que le diera regalos costosos a una mujer así como así.
Desde que eran jóvenes, las chicas que andaban tras él sobraban, pero en todos esos años, nunca lo habían visto interesarse por nadie.
Y aunque ahora estaba soltero, Amaya y él todavía no estaban divorciados. ¿Cómo se atrevía a darle semejante regalo a Amaya de forma tan descarada?
¡Eso no era un simple detalle, era una clara provocación, una burla en su propia cara!
Al pensar en esto, Diego, furioso, dio un fuerte puñetazo sobre el escritorio:
—¡Cómo se atreven...!
Al ver que por fin se encendía la chispa de ira en los ojos de Diego, Vera no pudo evitar soltar una risa burlona:
—Diego, me parece que hasta el día de hoy sigues sin ver la verdadera cara de Amaya.
—Cuando se casó contigo, estaba claro que solo quería dar el braguetazo, sin importarle los medios. Si no, ¿por qué justo entraste a su habitación aquella noche en el proyecto rural? ¿Y cómo es que, de pura "casualidad", ella dejó la puerta sin seguro?
—Ahora simplemente se agarró de un pez más gordo como Romeo y por eso no podía esperar para mandarte a volar. A estas alturas, ¿todavía no te das cuenta?
Diego le clavó a Vera una mirada fulminante:
—No voy a permitir que hables así de Ami... Ella no es esa clase de mujer.
—¿Ah, no? —Melina soltó una carcajada, sacó el acuerdo de divorcio del cajón de Diego y lo azotó contra el escritorio—. ¡Léelo bien tú mismo!
—En el acuerdo pide esto y lo otro, exigiendo una millonada por todas partes; está claro que va tras tu dinero. ¡Si de verdad fuera amor puro, se iría sin un centavo! ¡Solo así demostraría que el dinero no le importa!
—Pero ya viste la escenita que armaron ella y su madre el otro día. Con ese tipo de familia y esa clase de mujer, ¡qué esperas para cortar por lo sano!

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