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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 230

—Esa vez Romeo vino por un diseño confidencial del gobierno, no tuvo oportunidad de salir para nada. Además, conociendo a Romeo y a Amaya, no llegarían al extremo de engañarme...

Vera se jaló el cabello, desesperada:

—¡Por Dios, Diego! A estas alturas, ¿todavía sigues confiando en su decencia?

—Ya ni se esconden, ¿acaso no te das cuenta? Amaya se volvió socia de Estudio Eje y luego Romeo le regala un carrazo. Con un descaro tan evidente frente a tus narices, ¿estás ciego o qué?

—Y escuché que mañana Estudio Eje va a tener una gran ceremonia para firmar un acuerdo a largo plazo con tres de las mejores inmobiliarias del país, y tanto Amaya como Romeo van a asistir juntos como socios.

—Ambos sabemos que Romeo es muy estricto con sus límites. Si no tuviera un interés especial en Amaya, ¿por qué se desviviría tanto por impulsar la carrera de una novata? Y no es por nada, pero con lo que diseña Amaya, ¡hasta yo lo hago mejor!

Diego frunció el ceño al escuchar los alardes descarados de Vera:

—El nivel de diseño de Amaya es muy superior al tuyo. Al menos sin sus bocetos, el proyecto del Edificio Horizonte no existiría.

Melina no soportó escucharlo más y dio un fuerte golpe en la mesa:

—Diego, ¿puedes reaccionar? ¡Esa mujer te va a demandar para quitarte los derechos de autor y dejar que tu proyecto se vaya a la basura!

—Tú te tientas el corazón y piensas en los viejos tiempos, pero ella te acorrala y va a destruirte. ¡Hasta cuándo vas a seguir escondiendo la cabeza como un avestruz!

—Siempre estuve orgullosa de ti, ¡pero ahora me decepcionas muchísimo! Leonor y mamá también están indignadas, Paula está preocupadísima desde el extranjero, y papá tiene un desmadre con la empresa. Si sigues aferrado a ella, ¡está claro que no te importa perder el control de la familia Muñoz!

A Diego le palpitaban las sienes, tenía la cabeza hecha un nudo.

No respondió. Cerró los ojos y se recargó en la silla, obligándose a mantener la calma.

Al repasar las palabras de Vera y Melina, su corazón comenzó a acelerarse sin control.

Parecía que lo que decían no carecía de sentido...

Desde que la niña nació, él la había visto contadas veces, y Amaya no mostraba la menor intención de acercarlo a ella.

Cualquier madre normal desearía que su hija tuviera un padre presente. Eso no era lógico, a menos que... la niña de verdad no fuera suya y tuviera otro padre.

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