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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 236

Amaya paseó la mirada por el lugar, con total franqueza:

—De ahora en adelante, el Grupo Muñoz y yo tomamos caminos separados. El Estudio Eje es el Estudio Eje, y el Grupo Muñoz es el Grupo Muñoz; no tenemos absolutamente nada que ver. Así que no tengan ninguna duda y siéntanse libres de hacer negocios con nosotros.

Quedaba claro que no era necesario llegar a los golpes para destrozar a alguien; las palabras podían ser navajas sumamente letales.

Aplicando lo que acababa de aprender, Amaya se sirvió otra copa, caminó hacia Diego y esbozó una sonrisa cargada de sarcasmo:

—Señor Muñoz, yo también brindo por usted. Si no hubiera sido por sus humillaciones del pasado, no sería la mujer que soy hoy.

»Antes creía ingenuamente que ser diseñadora en el Grupo Muñoz era el mayor honor de mi vida. Ahora entiendo que el mundo es inmenso y está lleno de oportunidades para quienes se atreven a volar.

»Gracias por darme mi libertad.

El rostro de Diego se tensó como una piedra. Ante la mirada de todos, se había convertido en el blanco de las burlas.

Abrió la boca para defenderse, pero sintió un nudo en la garganta que no le permitió soltar ni una sola sílaba.

El escándalo del divorcio entre Amaya y Diego ya era un secreto a voces en la ciudad.

Al enterarse de que May era en realidad la esposa de Diego, la admiración de los presentes creció, especialmente entre las mujeres, quienes comenzaron a sentir mucha empatía por ella.

Al fin y al cabo, ninguna mujer decidiría divorciarse recién terminada la cuarentena del parto a menos que la hubieran llevado al límite.

En cuestión de minutos, la gente se acercó a platicar con Amaya. Sus comentarios estaban llenos de indirectas que hacían sentir a Diego aún más avergonzado.

Todo el prestigio y la arrogancia que alguna vez tuvo se habían esfumado. Diego se sintió como un perro callejero al que todos querían patear.

Aunque todos hablaban con mucha diplomacia y nadie soltó ni una sola grosería, esas palabras le perforaron el ego.

Incapaz de soportarlo más, salió huyendo del restaurante y se fue solo a la cubierta a que le diera el aire frío.

De no ser porque el crucero ya estaba en alta mar, habría desaparecido de ahí en ese mismo instante.

Una frustración que jamás había experimentado lo consumía por dentro. Fue entonces cuando escuchó a dos señoras platicando a poca distancia.

—Ay, nuestro círculo social es un desastre. ¿Ya supiste lo que pasó hace poco? La esposa de Mario armó un escándalo pidiéndole el divorcio. Él, sintiéndose súper culpable, le dejó todo el dinero y las propiedades a ella y al niño, y se fue a la calle sin un peso. ¿Y adivina qué pasó?

—¿Qué pasó?

—Pues que la tipa, apenas firmó el divorcio, se fue a casar con su ex, y el niño empezó a decirle papá al otro. A Mario se le hizo rarísimo, así que le hizo una prueba de ADN a escondidas y resultó que el chamaco ni siquiera era suyo. Casi le da un infarto del coraje, se quedó sin familia y sin dinero. Ahora está tirado en el hospital, con medio cuerpo paralizado... ¡Pobrecito, de verdad!

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