Vera ignoró el comentario de Melina y etiquetó directo a Diego:
[Diego, ver para creer. ¿Ahora sí confías en lo que decíamos Melina y yo? Míralos, juntitos en la tienda de bebés. ¿A poco crees que no hay gato encerrado?]
Melina también lo etiquetó:
[¡Exacto! ¡Abre bien los ojos! Para mí que esos dos se traen algo desde hace rato.]
Vera mandó un sticker asintiendo frenéticamente y agregó:
[Diego, tienes que hacer esa prueba de ADN. No vayas a terminar manteniéndole la hija a otro a lo güey.]
Josefa pegó el grito en el cielo por el chat:
[¡¿Qué?! ¡¿Cómo que la niña no es de mi Diego?! ¡No me digas que nos quiso meter un gol! ¡Esa Amaya no tiene vergüenza! ¡Diego, contesta ahorita mismo!]
Sonia no se aguantó y también escribió:
[¿De verdad, Vera? ¿Estás diciendo que la hija de Amaya es de Romeo? Ay, por favor, imposible. ¿Cómo se va a fijar Romeo en una como ella? ¡Qué locura!]
Las mujeres siguieron chismeando en el grupo, mandando mensajes sin parar.
Mientras tanto, Diego estaba en una junta. Como tenía un documento confidencial en el celular, le había pedido a Julio que proyectara la pantalla de su teléfono directamente en la pantalla de la sala.
Él ya se había salido de ese grupo cuando Melina lo creó, y lo había vuelto a abandonar las veces siguientes que lo agregaron.
Ni siquiera se había dado cuenta de en qué momento lo volvieron a meter.
El celular empezó a vibrar y a soltar notificaciones sin parar. Diego frunció el ceño, pensando que se le había metido un virus, y abrió la aplicación.
Julio, al ver lo que venía, se llevó un susto de muerte y corrió a apagar el proyector, pero ya era muy tarde.
Todo el chisme del grupo apareció en letras gigantes frente a toda la sala.


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