Las palabras se le quedaron atoradas en la garganta.
Amaya se dio la vuelta de golpe. Tenía los ojos inyectados en sangre, con una mirada tan helada y furiosa que parecía a punto de hacerlo pedazos ahí mismo.
Diego se quedó congelado. Todas las excusas que pensaba decir se esfumaron, y lo único que le salió fue una sonrisa llena de amargura.
Amaya lo miró incrédula; la voz le temblaba de la pura rabia.
—¡¿Qué dijiste?!
Apenas Diego abrió la boca, ella ya lo había agarrado del cuello de la camisa con todas sus fuerzas.
—¿Estás dudando de quién es el padre de Reni? —soltó una risa seca—. Dime, Diego, ¿acaso crees que soy igual de basura y de cualquiera que tu primita?
Se tragó el nudo que se le formaba en la garganta. Esa herida que ya estaba cerrando se le volvió a abrir de tajo. Sintió un coraje tan profundo que habría dado lo que fuera por agarrar un cuchillo y clavárselo a Diego en el pecho. Era el golpe más bajo. Aquello... era la peor ofensa que le podían escupir a una mujer en la cara.
¿Qué tan poco le importaba y qué tan poco la conocía Diego como para atreverse a humillarla de esa manera?
—Yo... no quise decir eso, Ami —trató de explicarse Diego, con la voz áspera—. Es solo que me tratas con la punta del pie, pero con Romeo eres tan... Me haces pensar que ustedes ya se traían algo desde antes.
Amaya lo vio a los ojos, clavándole una mirada que cortaba como cuchillos. Respiraba agitada, intentando controlar las ganas de llorar de coraje.
—¡Si fueras un poco más hombre, Diego, ni siquiera se te ocurriría preguntar semejante estupidez!
En ese preciso instante, Romeo llegó a paso acelerado. Jaló a Amaya para ponerla detrás de él y, sin decir agua va, le soltó un puñetazo directo a la cara a Diego.
—¡Romeo!
Diego recibió el trancazo de lleno, tambaleó un par de pasos hacia atrás y enseguida le empezó a salir sangre por la comisura del labio.
El chofer de la paquetería se asustó y corrió a sostenerlo para que no cayera al piso.
Romeo se le quedó viendo fijamente, con un tono calmado pero letal.
—Acababa de llegar a mi casa cuando me hablaron de la tienda para decirme que alguien había cancelado mi pedido. Luego luego supe que habías sido tú.

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