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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 288

—Como Javier se largó, fue Beatriz quien tuvo que hacerse cargo de todo el cochinero de deudas del Grupo Benítez. A decir verdad, la mamá de Amaya es una mujer que me da lástima. En su momento, llegamos a sentir culpa y pensamos en dejarlas en paz, ya que se habían quedado solas y desamparadas. Pero tu madre y tu tía Sonia, que siempre le habían tenido envidia a Beatriz por la vida de lujos que llevaba, aprovecharon para pisotearla. La obligaron a pagar, la humillaron y le hicieron la vida imposible...

Diego no tenía idea de que existiera tanto rencor acumulado desde hacía tantos años entre su familia y la de Amaya.

Las palabras de su padre lo dejaron helado. Instintivamente, agarró a Rubén del brazo.

—Papá, dijiste que en ese entonces pagaron para manipular las acciones del Grupo Benítez. Entonces... ¿no es exactamente lo mismo que le está pasando a nuestras acciones ahora?

—O sea que sospechas que... ¿alguno de los Benítez ahora tiene dinero y se está vengando de nosotros?

Un sudor frío recorrió la espalda de Diego. Sintió que las piernas no le respondían y se dejó caer pesadamente en una silla.

Rubén lo miró con ojos afilados como cuchillos.

—¿Ahora entiendes por qué le hablé con tanta amabilidad a Amaya?

Le dio un par de palmadas fuertes a Diego en el hombro.

—Para proteger el imperio de la familia Muñoz, hay que saber cuándo agachar la cabeza. Mientras no averigüemos quién es la persona que está detrás de todo esto, tienes que tratar a esa mujer con pinzas. Por nada del mundo choques de frente con ella.

—Dale por su lado en todo. Eso le dará un poco de margen al Grupo Muñoz para intentar recuperarse... Si no hubieras sido tan terco queriendo quitarle a la niña, ella no se habría enojado tanto y no habría atacado nuestras acciones de esta forma.

—Lo que me aterra no es una simple mujer, sino el poder que se esconde detrás de ella.

—Tenemos que prepararnos para lo peor. Si el Grupo Muñoz se va a la quiebra total, tú y yo... tenemos que pensar en una salida de emergencia. Al fin y al cabo, tu madre y yo fuimos parte de los que hundieron a la familia Benítez.

Diego seguía en shock. Se quedó ahí parado, incapaz de decir una sola palabra durante un largo rato.

—Además, era un pleito de nuestra generación. Ustedes no tenían nada que ver. Solo que jamás me imaginé que el matrimonio de ustedes terminaría en este desastre.

Una sonrisa amarga apareció en el rostro de Diego mientras recordaba algunos detalles de cuando apenas se habían casado.

Recordó que Amaya le comentó una vez que su madre se había opuesto rotundamente a que estudiara diseño arquitectónico, y todavía más a que entrara a trabajar al Grupo Muñoz. Pero Amaya siguió adelante de todos modos, incluso cuando terminaron pasando de ser jefe y empleada a marido y mujer...

De repente, sintió un arrepentimiento profundo. Le dolía haber ignorado a Amaya durante tanto tiempo.

Si tan solo hubiera sido un poco más atento, si se hubiera preocupado por conocer su pasado, si la hubiera tratado mejor... tal vez, a través de su matrimonio, los rencores de la generación pasada se habrían sanado. Y quizás el Grupo Muñoz no estaría enfrentando una crisis como esta.

Esa noche, Diego no pudo pegar el ojo, dando vueltas en la cama. Ya entrada la madrugada, bajó solo a la cava de vinos de la casa.

Pero, al empujar la pesada puerta de madera, se encontró con Romeo sentado ahí. Frente a él, había una botella de vino tinto que estaba prácticamente vacía...

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