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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 292

En aquel entonces, Diego acababa de regresar de un viaje de negocios. Al verla acostada, en vez de preguntarle cómo se sentía, le reclamó por no haber ido a recogerlo al aeropuerto y por no tenerle la comida lista.

Amaya juntó las pocas fuerzas que le quedaban, se levantó y le preparó un caldito de res con fideos.

Pero Diego no hizo más que quejarse de la comida.

Fue hasta que Eva ya no soportó más la situación y le insinuó con tacto que Amaya estaba enferma y tenía temperatura. Solo entonces Diego notó lo roja que tenía la cara y lo ojerosa que se veía.

Aunque después él se deshizo en disculpas y le regaló un collar de diseñador de edición limitada para contentarla...

...eso era algo que seguía atormentándola hasta el día de hoy. Fue a partir de ahí que por fin se dio cuenta de que a Diego jamás le importaron sus sentimientos, y poco a poco, empezó a matar el amor que le tenía.

En el pasado, él había sido ciego a todo el cariño que ella le daba.

Y ahora, aunque lo viera humillándose bajo la lluvia, ella también podía hacerse de la vista gorda.

Amaya no sintió lástima alguna. Cerró la cortina de nuevo y se acostó. Al ver el perfil de su hija, que se parecía un poco al de Diego, no pudo evitar sentir un toque de tristeza en el corazón.

Llegó a pensar que tener un bebé salvaría su matrimonio.

Pero nunca se imaginó que su hija terminaría siendo el detonante para que se separaran definitivamente.

Por suerte, solo faltaban veinticinco días para que ese matrimonio se acabara por completo.

En veinticinco días podría librarse de Diego y salir para siempre del infierno que era la familia Muñoz.

Diego fue a rogar afuera del Residencial Monte Verde durante tres días seguidos. Siempre llegaba de noche y se iba en la madrugada. Se quedaba ahí arrodillado y con la espalda recta, sin importar si llovía o hacía viento.

Amaya y Beatriz tenían exactamente la misma postura al respecto: no hablaban del tema, mantenían las ventanas cerradas y actuaban como si él no existiera...

Tres días después, Diego terminó en el hospital con fiebre altísima y neumonía, poniendo fin a su escenita.

El único problema era que el intento de la familia Muñoz de quitarle a su hija la había dejado con una sensación de peligro constante.

El hecho de que Diego fuera el padre biológico de Renata no era algo bueno, sino una bomba de tiempo.

A fin de cuentas, según las leyes de Solarenia, aunque se divorciaran y ella se quedara con la custodia, la otra parte tendría derecho a visitas.

Amaya no quería que el futuro de Renata tuviera absolutamente nada que ver con la familia Muñoz.

Y viendo lo obsesionado que estaba Diego con tener a la niña cerca, no podía evitar preocuparse por el bienestar de Renata.

A la hora de salida del trabajo, Amaya estaba en su oficina leyendo casos de divorcio por internet. Mientras más leía, más se le fruncía el ceño.

En ese momento, alguien tocó la puerta. Amaya reaccionó y se paró rápidamente para abrir—

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