Esa voz tan familiar hizo que un escalofrío recorriera el cuerpo de Diego.
¡Al segundo siguiente, abrió sus ojos brillantes y le arrancó bruscamente la máscara de la cara!
El rostro de Vera Ramos quedó expuesto. Todavía llevaba una curita en la herida de su frente, pero su maquillaje era impecable, haciéndola lucir hermosa, frágil y deslumbrante.
—¡Vera! ¿Qué estás haciendo?
Diego, asustado y furioso, soltó un grito y la empujó con fuerza, haciéndola caer al piso.
Vera quedó en el suelo, mostrando sus piernas blancas mientras la poca tela de su vestido parecía estar a punto de resbalar, dejando al descubierto casi todo su pecho.
Se tapó la boca y lo miró con los ojos llenos de lágrimas:
—Diego... ¿Tanto asco te doy que no quieres ni acercarte a mí?
—¿Por qué aceptaste de inmediato a Valeria Zaldívar pero a mí nunca me diste una oportunidad? Yo soy igual de valiosa que Amaya y que Valeria. Además, nos conocemos de toda la vida, tenemos una conexión de más de diez años. ¡Ninguna de ellas se compara conmigo!
Vera había adivinado dónde estaba al ver una foto que Axel Ponce había subido a su Instagram.
Ese mismo día había visto cómo Valeria se le insinuaba a Diego. Aunque no intervino en el momento, el pánico de perderlo la fue consumiendo por dentro.
Ahora que finalmente tenía la oportunidad de ser suya, no dejaría que otra se lo robara.
Si Valeria jugaba sucio, ella sería aún más atrevida. Fue por eso que se vistió de esa manera para intentar consumar su relación de una vez por todas... Pero no esperaba que él la reconociera de inmediato.
Diego la miraba con el ceño fruncido y frialdad total:
—Lo mío con Valeria es pura actuación. Solo la estoy usando.

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