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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 438

La sonrisa de Valeria se profundizó y su tono se volvió aún más coqueto.

—Por supuesto. Mientras no te niegues a darme una oportunidad, no tengo prisa.

Su voz denotaba una confianza inquebrantable.

—Además, estoy segura de que si pasamos suficiente tiempo juntos, te terminarás enamorando de mí.

Valeria tenía una seguridad absoluta en ese aspecto.

Desde que era niña, había perdido la cuenta de la cantidad de hombres que habían caído rendidos a sus pies, hechizados por su innegable encanto.

Hasta el momento, Diego había sido el único que, tras conocerla, no mostró interés alguno. Y justamente eso era lo que la tenía tan obsesionada con él.

Era el tipo de mujer movida por la ambición y un deseo feroz de ganar.

Mientras más alta era la montaña, más deseaba escalarla.

Mientras más difícil era el reto, más quería conquistarlo.

No quería que Diego aceptara ser su novio de inmediato; eso le habría quitado la emoción al juego.

Pero con que aceptara intentarlo, estaba convencida de que, con el tiempo, lo tendría comiendo de la palma de su mano, enamorado hasta los huesos.

Los cuatro pasaron casi toda la tarde en la sala de reuniones y dejaron sentadas las bases de la alianza.

Una vez que despidieron a los Zaldívar, Rubén llamó a Diego a su oficina.

Con las manos cruzadas a la espalda frente al ventanal, Rubén fue directo al grano:

—Diego, ¿qué opinas de que los Zaldívar hayan venido a ofrecernos este negocio? Me di cuenta de que su hija está interesada en ti, pero ¿tú qué piensas?

Diego respiró hondo. Su padre tenía una intuición afilada, nada se le escapaba.

Con expresión seria, le respondió:

—Ahora mismo no tengo cabeza para romances, pero debo admitir que esta oportunidad es justo lo que necesitamos con urgencia. Papá, ¿tú qué crees?

Rubén suspiró.

—Pero si entramos en este proyecto, calculo que el Grupo Muñoz tendrá que invertir alrededor de cuatro mil millones. Nuestro flujo de caja actual es crítico, y un solo error podría ser fatal. Tenemos que pensarlo con cuidado.

Diego frunció el ceño.

—Toda la familia Ortega ha tratado a Amaya y a su madre como si fueran de la realeza. Si ellas no tuvieran a alguien tan poderoso respaldándolas, ¿crees que los Ortega se rebajarían a juntarse con ellas?

—Para mí, Romeo te lleva mucha ventaja en este juego.

—Diego, todavía estás legalmente casado. No hace falta que te diga qué debes hacer, ¿verdad?

Tras dejarle esas palabras cargadas de intención, Rubén le dio unas palmaditas en el hombro y se dirigió a la puerta, no sin antes añadir:

—Te daré un consejo. Juega a dos bandos. Usa a los Zaldívar para salir de este apuro económico y, mientras tanto, busca la forma de reconquistar a Amaya.

—Ya sabes cómo son las mujeres. Por más duras que se muestren, si las tratas con dulzura constantemente, terminan cediendo. Mientras te niegues a divorciarte, y considerando que tienen una hija juntos, tarde o temprano las cosas se arreglarán...

Diego se quedó paralizado, sumido en sus pensamientos.

Y justo en ese momento, Amaya volvió a llamarlo. Su tono de voz era gélido, como si le hablara a un completo extraño.

—Diego, ¿cuándo vas a tener tiempo para ir al registro civil? Te advierto que mi pacien...

Antes de que pudiera terminar, la voz firme de Diego la interrumpió:

—Ahora. Tengo tiempo ahora mismo. Nos vemos en la puerta del registro civil.

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