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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 477

Valeria se refugió en su coche de lujo como si estuviera huyendo. Su cuerpo entero aún temblaba de ira.

Marcó desesperadamente el número de su padre, Zacarías Zaldívar, y apenas él contestó, ella le soltó una lluvia de quejas:

—¡Papá! ¡¿Qué demonios está pasando?! ¡¿Cómo es posible que el accionista principal del San Rafael sea un tipo llamado Romeo Ortega?! ¡¿De dónde salió?! ¡¿Por qué nunca me hablaste de él?!

Zacarías se quedó aturdido por los gritos de su hija. Le tomó un momento procesarlo antes de responder con voz pausada:

—El señor Ortega es un hombre sumamente discreto y pidió expresamente que no hiciéramos alarde de su posición. Por eso nunca te lo mencioné. Pero mi niña hermosa, ¿qué sucede? ¿Lo conociste?

—¡Ojalá solo lo hubiera conocido!

El resentimiento acumulado de Valeria estalló. Con la sangre hirviendo, exageró cada detalle de su humillación en el hospital.

Zacarías siempre la había consentido; para él, su hija jamás cometía un error y siempre la defendía a ciegas.

Valeria estaba completamente segura de que, esta vez, su padre se pondría de su lado y le haría pagar a ese engreído.

Pero para su sorpresa, la voz de Zacarías se llenó de un pánico desgarrador:

—¡Valeria, ¿estás loca?! ¡¿Te atreviste a ofender al señor Ortega?!

—¡Dios mío, te he malcriado demasiado! ¡¿Por qué no usaste la cabeza por un segundo?! ¡Esa habitación VIP no se la dan a cualquiera! Si no tuviera un poder absoluto, ¡jamás habría podido internar ahí a su amiga! ¡Y tú... tú fuiste y trataste de correrla!

Zacarías caminaba en círculos por su despacho, aterrorizado por las consecuencias.

—¡El señor Ortega es el mayor benefactor de la familia Zaldívar! Hace años, durante la crisis financiera, nuestros proyectos inmobiliarios colapsaron y estábamos a un paso de la bancarrota. ¡Fue el señor Ortega quien nos tendió la mano y nos salvó de la ruina! ¡Si la familia Zaldívar existe hoy, es gracias a él!

—Ay, Valeria, Valeria... ¡¿Qué voy a hacer contigo?! ¡Te quiero en la casa en este mismo instante! ¡Estás castigada sin salir por tres días! ¡Si pones un pie fuera de esta casa, te las verás conmigo!

Tras ese brutal regaño, Zacarías colgó la llamada furioso.

Valeria jamás había sido tratada con tanta dureza. Ella, que había crecido rodeada de oro, se quedó con la boca abierta, incapaz de procesar el castigo.

Estaba a punto de reventar de rabia, pero, al mismo tiempo, su curiosidad hacia Romeo creció de manera incontrolable.

Llamó a todos sus contactos, exigiendo que le consiguieran el expediente completo de Romeo Ortega a cualquier precio.

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