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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 503

Lidiar con una escoria como Fabián no requería mucho esfuerzo.

Solo hacía falta un poco de brutalidad y palabras cortantes para que escupiera toda la verdad.

Tal como Amaya lo había sospechado, Fabián había sido utilizado nuevamente.

Confesó entre sollozos que, desde que Hugo terminó la relación hace poco tiempo, él había guardado un profundo rencor.

Por eso, cuando alguien lo contactó para que sobornara a empleados dentro de Oro & Noche, aceptó sin dudarlo. El despecho lo llevó a tenderle una trampa a Hugo.

Como había trabajado en el club por años, conocía cada rincón y la dinámica del lugar a la perfección.

Fingió ir de visita para saludar a sus antiguos compañeros, y tras colarse en las instalaciones, escondió un paquete de drogas en la oficina de Hugo.

Esa misma droga que la policía encontró en el escritorio de su exnovio, él la había plantado.

Todas las piezas encajaban: alguien había orquestado esto meticulosamente para destruir Oro & Noche y, de paso, asegurarse de que Beatriz Ibarra se pudriera en la cárcel.

Afortunadamente, el enemigo aún no sabía que Fabián estaba en sus manos.

Amaya miraba al miserable hombre tirado en el suelo, completamente aterrorizado por Romeo. La furia en su interior era incontrolable.

Su madre siempre había sido sumamente generosa con sus empleados, y esa era la razón por la que Oro & Noche había prosperado en Solsepia durante tantos años.

Y ahora, por culpa de esta rata asquerosa, todo se iba al caño.

Sin poder contenerse, Amaya le propinó una violenta patada a Fabián.

—¡Eres un malagradecido de lo peor! ¡La última vez ayudaste a provocar un incendio y mi madre te perdonó la vida por los años que trabajaste para ella!

—¡Y pensar que te atreves a usar el mismo truco asqueroso para hundirla a ella y a todo el club!

Los golpes precisos y demoledores de Romeo no le dejaron ni el más mínimo atisbo de rebeldía. Había soltado la sopa completa.

Amaya y Romeo intercambiaron una mirada rápida, y ella habló con voz de hielo.

—Bien. Le dirás a la policía exactamente lo mismo que nos acabas de decir. Si no, me encargaré de que todo lo que hiciste en Solsepia se sepa en tu pueblo natal. Supongo que siendo el buen hijo que eres, no querrás que eso pase, ¿verdad?

La naturaleza humana era compleja.

Fabián era un arribista despreciable, pero era famoso por su devoción filial. En el pasado, para pagar el tratamiento médico de su madre, se endeudó por todas partes e incluso intentó vender un riñón... Al enterarse, fue Beatriz Ibarra quien lo detuvo y cubrió todos los gastos médicos de la señora.

En el fondo, le aterraba lo que su madre y su pueblo pudieran pensar de él. Así que, al escuchar la amenaza, Fabián palideció y sacudió la cabeza con desesperación.

—¡Señorita Amaya, se lo ruego, no deje que esto llegue a mi pueblo! ¡Mis padres y mis hermanos no pueden enterarse!

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