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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 960

En realidad, Diego no era un monstruo. Tenía talentos y virtudes innegables.

El problema era que, por un lado, su arrogancia le impedía ver sus propios errores, y por el otro, su tóxica familia lo arrastraba constantemente hacia abajo, llevándolo hasta ese punto de no retorno.

Después de todos los años que Amaya pasó a su lado, aunque el amor se hubiera extinguido por completo, jamás le había deseado el mal ni esperaba verlo en la miseria absoluta.

Después de todo, por más que le pesara, Diego siempre sería el padre biológico de Reni. Esa era una verdad inalterable.

Amaya no era el tipo de mujer que, al encontrar su propia felicidad, se dedicaría a destruir por completo su pasado y pisotear a sus exparejas hasta no dejar rastro de ellos.

Si Diego era capaz de abrir los ojos, aceptar sus errores y cambiar de verdad, ella no se opondría a que, en el futuro, intentara reconstruir el vínculo con su hija.

Pero, por supuesto, esos eran pensamientos que Amaya guardaba bajo llave en su corazón.

Jamás se los diría a Diego en ese momento.

Al escuchar la palabra «suplicar», el rostro de Diego se descompuso en una mueca de humillación.

Apretó los puños, con la expresión congelada por el orgullo herido. Como si las palabras de Amaya le hubieran arrancado la máscara de frialdad, le dio la espalda a la pareja, ocultando su rostro.

Amaya, pensando que su orgullo era más fuerte y que se negaba a hablar, cruzó una mirada con Romeo. Ambos estaban a punto de dar la vuelta y marcharse.

Justo en ese instante, la voz de Diego resonó en la habitación, profunda y ahogada por una angustia insoportable:

—Si es necesario que lo veas de esa manera... lo acepto.

—Incluso si... tengo que suplicarles. Ayúdenme esta vez. Díganme qué debo hacer para salvar al Grupo Muñoz y evitar que Valeria nos arrastre con ella al infierno.

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