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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 558

Amaya Ibarra no puso más peros y, junto a Romeo Ortega, se acercó a la mesa y se sentaron con total naturalidad.

Amaya:

—Por respeto a usted, señor Zaldívar, dejaremos que sean tres.

Sostuvo con calma la mirada cargada de odio de Valeria Zaldívar:

—Espero que esto le sirva de lección, señorita Zaldívar. No ande por la vida dándose ínfulas de princesa intocable; después de todo, no todos en este mundo llevan su apellido.

—¡¡Tú!!

Valeria estaba a punto de sufrir un infarto del coraje, señaló a Amaya con el dedo y quiso armar un escándalo.

Sin embargo, Zacarías le lanzó una mirada fulminante, lo que la obligó a tragarse su rabia y sentarse de mala gana al lado de su padre.

Zacarías, en cambio, se mostró muy cortés.

Todos los platos que habían pedido eran verdaderas joyas gastronómicas de Santa Lucía, sumamente caros y exquisitos. Incluso el licor que ofrecieron era de la reserva privada de su familia, con muchos años de añejamiento.

Sin importarle nada, Amaya se dedicó a comer con ganas, sin siquiera detenerse a conversar.

Llevaba días sin alimentarse bien y sentía que el estómago le ardía de hambre.

La comida de Santa Lucía era deliciosa y le encantaba, así que disfrutó cada bocado, viéndose feliz y satisfecha.

Romeo la observó todo el tiempo con una sonrisa llena de afecto. Si ella estaba feliz comiendo, él estaba feliz mirándola.

Cuando el vaso de ella se vaciaba, él se lo rellenaba con bebida fresca.

Si había algún plato que a ella le quedaba lejos, él hacía girar la mesa justo en el momento adecuado para ponérselo enfrente.

Y con esos camarones o cangrejos que daban trabajo, Romeo los pelaba en silencio, sacaba la carne limpia, la ponía en un plato impecable y se lo acercaba sin que Amaya tuviera que pedirlo.

Su nivel de atención era digno del sirviente más fiel.

Toda esta escena dejó a Zacarías y a Valeria completamente pasmados.

La mirada perspicaz de Zacarías no dejaba de ir y venir entre Romeo y Amaya, hundiéndose en sus propios pensamientos.

Mientras tanto, Valeria seguía sentada ahí, con las tres enormes marcas rojas en la cara. Al ver a Romeo desviviéndose de esa manera por Amaya, se puso verde del coraje.

Varias veces estuvo a punto de perder los estribos, pero la mano de Zacarías debajo de la mesa la detuvo a tiempo.

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