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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 592

Mientras más pensaba en su situación, más injusta le parecía. El resentimiento la desbordó y soltó una carcajada cargada de locura.

—¡Llegué a este punto porque ustedes me acorralaron!

Gritó, señalando a Amaya con desprecio.

—Si tú no hubieras aparecido, yo seguiría siendo la princesa consentida de mi primo Diego. ¡Todos giraban en torno a mí, todos me trataban bien! Pero por tu culpa, toda mi vida perfecta se hizo pedazos. ¡Me convertiste en el monstruo que soy ahora!

Se giró hacia Romeo, con los ojos inyectados en sangre.

—¡No te dejaré en paz, Amaya! Y tú, Romeo... cuando nos casamos juraste cuidarme toda la vida, pero me traicionaste. ¡Tú también vas a pagar muy caro!

Su voz resonaba en el pasillo, estridente y venenosa.

—¡Haré que todos sufran las consecuencias por haberme humillado y marginado!

Vera había perdido por completo la razón, cayendo exactamente en la trampa emocional que Romeo le había tendido.

Él mantuvo la calma, sin apartar la mirada de los ojos de Vera.

—Así que fuiste a buscar a Dante para que te ayudara a vengarte de nosotros, ¿verdad?

Inclinó la cabeza levemente.

—Si no me equivoco, Mati es hijo de Dante y tuyo. Por eso lo mandaste a Sudamérica en secreto, para que Dante lo críe.

Vera tragó saliva, paralizada.

—Esa llamada amenazando a Amaya la hicieron los hombres de Dante —continuó Romeo—. Querías que él destruyera a Amaya y a todos los que la rodean, y su primer blanco fue Camilo.

Romeo dio un paso más.

—Pero luego recordaste lo bien que te trataba Camilo y te dio cargo de conciencia. Viniste a verlo para tranquilizarte, y de paso, intentar ponerlo en nuestra contra. ¿No es así?

Vera se quedó petrificada.

Fue entonces cuando Vera comprendió que había sido manipulada, pero ya era demasiado tarde.

Camilo guardó el audio rápidamente y, a través de WhatsApp, se lo envió directamente al oficial de policía a cargo del caso del accidente.

Vera se retorcía de arrepentimiento. Miró a Camilo con un odio abrumador.

—¡Fui una estúpida al venir a verte! ¡Nunca pensé que fueras tan víbora como para grabarme a escondidas! ¡Eres igual de miserable que ellos!

Desde la cama, Camilo estaba pálido, pero sus ojos brillaban con claridad. La observó con desprecio.

—Primero mandas a Dante a matarme y luego vienes a fingir preocupación para ponerme en contra de Amaya y Romeo... Sé muy bien quién tiene la razón aquí. ¡No soy tan ingenuo como Diego!

Se acomodó en las almohadas.

—La policía ya viene en camino. Pronto ajustaremos cuentas.

Al escuchar esto, Vera se puso blanca como el papel. Miró frenéticamente a su alrededor. De pronto, metió la mano en su bolso, sacó un objeto pequeño y, antes de que alguien pudiera reaccionar, tiró de la anilla y lo arrojó.

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