Valeria siempre había estado acostumbrada a actuar con soberbia, y era la primera vez que se topaba con alguien mucho más feroz que ella.
Por un instante, se quedó paralizada del coraje, con el rostro más verde que su propio vestido. Dio un pisotón de rabia.
—¡Esa... esa salvaje...!
—¡Diego, tu exesposa es una verdadera insolente!
Diego bajó la mirada, observando las espaldas de Amaya y Romeo alejarse, con un fuego oscuro ardiendo en sus ojos.
Amaya jamás lo había defendido así frente a nadie.
¡Y ahora, porque Valeria se atrevió a soltar un comentario sarcástico sobre Romeo, ella estaba dispuesta a destruir el mundo entero para protegerlo!
Diego sintió una amargura insoportable invadiendo cada rincón de su pecho.
En ese momento, se escuchó la voz de Vera:
—¡Diego, ya llegué! Creo que todavía llego a tiempo, ¿verdad?
Vera caminaba hacia ellos con paso seductor. Llevaba un vestido largo de gasa con un escote pronunciado y sostenía un elegante bolso de mano.
La adrenalina de creerse la ganadora la hacía brillar. Su rostro irradiaba una sonrisa triunfal de oreja a oreja.
Diego levantó la vista, y su mirada se suavizó al verla:
—No, llegas justo a tiempo. Ya casi van a dar el anuncio. Vamos hacia el frente.
Diego señaló en dirección al escenario, indicándole a Vera que caminaran juntos.
Valeria analizó a Vera de pies a cabeza. A simple vista, el atuendo parecía elegante, pero gritaba sensualidad por todos lados.
Los costados del vestido tenían cortes profundos que dejaban al descubierto su cintura, sugiriendo mucho más de lo que ocultaba.
Y para rematar, la abertura de la falda era tan alta que rozaba el límite de lo indecente.
Valeria se dio cuenta de que había subestimado a Vera.
A pesar de hacerse la despistada, en el fondo tenía sus propias artimañas bien calculadas.
Decidida a marcar su territorio, Valeria se aferró con más fuerza al brazo de Diego.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós a la Esposa Perfecta