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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 1023

Beatriz miró a Josefa con calma y preguntó:

—¿De qué te ríes?

Josefa se tapó la boca y, tras mucho esfuerzo, logró detener su risa escandalosa. Señaló las manos entrelazadas de Beatriz y Sebastián, y gritó:

—Ay, Beatriz Ibarra, a tu edad deberías tener un poco de vergüenza.

Beatriz mantuvo su tranquilidad: —¿De qué debería avergonzarme?

Josefa se burló:

—Ya es bastante ridículo que andes buscando colágeno a tu edad, pero exhibirte en público agarradita de la mano con este jovencito mantenido... de verdad no te importa el qué dirán.

Apenas Josefa terminó de hablar, Melina se apresuró a añadir:

—Exacto. Una señora de más de sesenta años y tan descarada.

—Y con esta moral, Amaya Ibarra todavía tiene la cara de criticar las costumbres de nuestra familia Muñoz. Tsk, tsk...

Melina, llena de sarcasmo, intercambió una mirada cómplice con Josefa y ambas volvieron a soltar una carcajada.

Beatriz y Sebastián se miraron, ambos sin palabras. Decidieron que no valía la pena prestarles atención. Siguieron con los dedos entrelazados y caminaron hacia el vestíbulo del hotel.

Josefa y Melina vieron cómo se alejaban. Sentirse completamente ignoradas las llenó de molestia.

Melina se cruzó de brazos, apretando los dientes, aunque en su mirada asomó una envidia que no pudo ocultar:

—Maldita sea, esa madre e hija sí que tienen suerte. Una se quedó con Romeo Ortega, y la otra, con lo vieja que está, ¡consiguió a un bombón tan guapo y elegante!

Josefa también estaba muerta de envidia:

—¡Ni que lo digas! A Beatriz siempre le gustaron guapos desde joven. Javier Benítez no estaba nada mal en sus buenos tiempos. ¡Y ahora este jovencito se parece bastante a cómo era él de joven! Se ve que a Beatriz le sigue gustando el mismo estilo.

Melina se quejó indignada:

—¿Por qué ellas se quedan con todo lo bueno? Vamos a seguirlos, ¡tenemos que arruinarles la cita!

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