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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 86

En cuanto entraron a Villa Jardín del Edén, Amaya sintió de golpe un ambiente helado que le dio de lleno en el rostro.

No quería entrar para nada. Se dio la media vuelta con la intención de irse, pero Diego la sostenía fuertemente por la cintura, haciéndole imposible soltarse.

Diego la cargó de un solo movimiento hasta el sofá y, solo entonces, le desató las medias de las manos.

En ese instante, la bolsa que Amaya llevaba consigo cayó al suelo. Como el cierre estaba abierto, el sobre con el Acta de Nacimiento se salió de golpe.

Al ver el documento, Diego lo recogió de inmediato y lo abrió. Su rostro se ensombreció con una expresión aterradora.

El nombre "Renata" escrito en el papel hizo que el corazón le latiera a mil por hora, y su actitud volvió a tornarse violenta en un segundo.

Levantó el Acta de Nacimiento y le gritó a Amaya:

—Amaya, ¿cómo es posible que registraras a la niña a mis espaldas sin mi consentimiento?

Comenzó a caminar de un lado a otro por la sala, completamente frustrado, sintiendo que la cabeza le iba a estallar.

Por el nombre de su hija, llevaba días sin poder dormir bien. Entre revisar diccionarios, checar sitios de heráldica y consultar el significado de cada nombre, le había costado muchísimo encontrar el indicado.

Quería que su hija fuera adorable, así que tenía "Dulce" como una de las opciones.

También sentía que el nombre de una niña debía ser tierno y delicado; no podía darle uno que hiciera su carácter demasiado fuerte o difícil de controlar.

Estuvo dudando mucho tiempo entre "Dulce" y "Blanca", y finalmente, siguiendo el consejo del experto, escogió el nombre perfecto:

Dulce Muñoz.

Quería que su hija fuera una niña dulce y dócil... alguien a quien todos quisieran proteger, y no una mujer rebelde y difícil de tratar.

Pero ahora, Amaya se le había adelantado y había registrado a la niña por su cuenta.

Al ver "Renata Ibarra" en el papel, Diego sintió que le punzaban las sienes y la furia comenzó a hervirle en el pecho.

¡Y lo peor de todo es que no llevaba su apellido!

Amaya lo miró y soltó una risa amarga:

—¿Te sorprende? Te lo dije hace mucho, que teníamos que ir a registrarla en el registro civil.

—Fuiste tú quien le dio largas al asunto. ¡La niña ya va para los dos meses y tú seguías sin mover un dedo! Diego, ¿te atreves a decir que tu hija te importa?

—¡Claro que me importa! Llevo días pensando en un nombre y hasta pagué una fortuna para que le escogieran uno perfecto —respondió Diego, asegurándolo con total convicción y orgullo.

Amaya soltó una carcajada sarcástica:

—¿Ah, sí? A ver, me encantaría saber cuál es ese maravilloso nombre.

Capítulo 86 1

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