Entrar Via

Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 89

Sin embargo, Amaya fue inmediatamente bloqueada y empujada hacia atrás por el muro de gorilas en la puerta.

La situación era crítica.

Amaya le marcó rápido a Saúl, con la voz a punto de quebrarse:

—Saúl, a mi mejor amiga, Sofía, le pasó algo grave. Me acaba de hablar para pedir auxilio y me dijo que está perdiendo mucha sangre. ¡Por favor, encuéntrala lo más pronto posible y ayúdala!

—Entendido, señorita —respondió Saúl de inmediato—. No se altere, pásame los datos de la señorita Vargas y mando a mi gente a buscarla ahora mismo.

Amaya se apresuró a enviarle toda la información de Sofía: su número, sus identificaciones y cualquier detalle que sirviera.

Al colgar, empezó a caminar de un lado a otro en la sala, carcomida por los nervios y la desesperación.

La eficiencia de Saúl era impecable. En menos de diez minutos, le regresó la llamada:

—Ya la localizamos. Estaba en el estacionamiento subterráneo de Villa Los Olivos. Unos tipos la arrastraron a un punto ciego de las cámaras y la agarraron a palazos hasta dejarla inconsciente. Casi abusan de ella, pero afortunadamente mis hombres llegaron a tiempo para impedirlo.

Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo a Amaya:

—¡¿Qué?! ¡¿Cómo es posible que se atrevan a hacer algo así a plena luz del día?!

—Saúl, llévala al hospital de volada. Y necesito que investigues esto a fondo, ¡tengo que saber quién fue el infeliz que mandó hacerle esto a Sofi!

—Claro, cuente con ello.

—Diego me tiene encerrada en Villa Jardín del Edén y no puedo salir, hay seis guardias vigilando la puerta —dijo Amaya apresurada—. Saúl, encuéntrale la forma de sacarme de aquí, necesito ir al hospital a ver a Sofi.

—Entendido, ahorita mismo lo soluciono.

Media hora después.

Saúl le mandó un mensaje: [Ya nos encargamos de los guardias. Puede salir, señorita.]

Amaya agarró su bolsa, abrió la puerta principal con paso firme y vio a todos los gorilas tirados en el piso, inconscientes.

Justo enfrente de la entrada, había un Rolls-Royce Phantom estacionado.

La puerta estaba abierta y Saúl, parado ahí con total compostura, le hizo un gesto de cortesía para invitarla a subir.

—Señor, el salmón, los chocolates artesanales y el suflé de ese lugar donde siempre hay mucha fila... todo está listo, tal como me lo pidió.

Del otro lado de la línea, la voz de Eva sonaba servicial y con un toque de alegría. —Ah, por cierto, también preparé el postre para mejorarle el semblante a la señora. Cheque si necesita que compre algo más, que ahorita ando en el súper.

La voz de Diego sonó grave y calmada: —A la señora le gustan las verduras y la fruta. Cómprale espinaca y arúgula para hacerle una ensalada fresca. Y también llévale mangos exóticos y cerezas importadas, le encantan.

Eva aceptó entre risas: —Ay señor, con lo detallista que es, la señora segurito se contenta con usted.

Diego esbozó una ligera sonrisa y, sin decir más, colgó la llamada.

Se reclinó en su silla y, al recordar la mirada fría y cortante de Amaya, sintió un vacío inexplicable en el pecho.

De verdad que ella no sabía valorar lo que tenía...

En estos tiempos, ¿quién más recordaría cada uno de sus gustos y bajaría su orgullo una y otra vez para contentarla después de sus berrinches?

Pero a pesar de todo lo bueno que era con ella, Amaya se le estaba subiendo cada vez más a las barbas, sin saber apreciar sus esfuerzos.

Puros cuentos con eso del divorcio. Él no creía que ella fuera capaz de dejarlo. Solo estaba haciendo un berrinche para llamar su atención.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós a la Esposa Perfecta