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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 90

Diego cerró los ojos para descansar unos minutos en la oficina. Estaba a punto de terminar su jornada para irse a casa y cenar tranquilo con Amaya.

Pero justo en ese momento entró otra llamada de Eva. Apenas contestó, se escuchó el grito desesperado de la mujer:

—¡Señor! ¡Paso algo gravísimo! ¡Los seis guardias están tirados en el piso, desmayados, y la señora ya no está!

A Diego le empezaron a punzar las sienes de inmediato:

—¡¿Qué estás diciendo?! ¡Voy para allá ahorita mismo!

Sin pensarlo dos veces, Diego salió corriendo de su oficina.

***

Por otro lado, Vera tuvo una recaída de su problema cardíaco y volvió a ser hospitalizada. Llevaba días en reposo hasta que por fin logró estabilizarse.

Lo primero que hizo al recuperar las fuerzas fue pagarle a unos malandros para que le dieran una golpiza a Sofía.

Decidió empezar por la mejor amiga para darle una buena lección a Amaya.

Al ver las fotos de Sofía con la cara deformada a golpes y cubierta de sangre, el corazón retorcido de Vera sintió una enorme satisfacción.

Estaba metida entre las sábanas aguantándose la risa cuando Josefa apareció en la puerta de la habitación con un termo de caldo de pollo.

Vera se llevó un susto, escondió el celular de volada, puso su clásica cara de víctima indefensa y la llamó con voz débil:

—Tía...

De inmediato, a Vera se le llenaron los ojos de lágrimas.

Al verla así, a Josefa se le partió el corazón y corrió a abrazarla con fuerza:

—¡Qué bueno que estás bien, Vera, me tenías con el Jesús en la boca! ¡Te juro que pensé que te perdía!

Vera soltó el llanto a mares:

—Tía, Amaya se pasó de la raya... ¡Lo único que quiere es hundirnos a Diego y a mí!

—Diego solo me hizo el favor de acompañarme a tener a mi bebé, ¿acaso eso es un crimen imperdonable? ¡Cómo es posible que nos ponga contra la espada y la pared de esta manera!

Josefa también empezó a llorar como Magdalena:

—¡Todo es culpa de esa cualquiera! —sollozó—. ¡Tú y Diego son inocentes! ¡Esa mujer es la mismísima mala suerte! Diego nunca debió haberse casado con ella.

—¡Papá! ¡Yo no hice nada! ¡Te lo juro! ¿Por qué siempre te pones del lado de los de afuera? Ni siquiera sabes cómo estuvieron las cosas y ya me estás echando la culpa.

—¡Exacto! ¿Qué culpa va a tener Vera si acaba de dar a luz? Ireneo, ¡si no tienes nada bueno que decir, mejor cállate!

Josefa explotó al escuchar eso, se puso las manos en la cintura y fulminó con la mirada a Ireneo, a nada de soltarle un sinfín de groserías.

Ireneo mantuvo su semblante frío y no dijo nada más. Se sentó en una silla a un lado y se puso a leer detenidamente todas las noticias y tendencias en redes sociales para entender bien cómo estaba la situación.

Entre Sonia y Josefa lograron consolar a Vera hasta que, poco a poco, logró calmarse.

En ese momento, Leonor apareció en la puerta de la habitación. Venía con una mano en el bolsillo, con expresión indiferente y sin llevar absolutamente nada en las manos.

Al ver que Leonor llegaba con las manos vacías, a Josefa se le subió la sangre a la cabeza y le gritó ahí mismo:

—Leonor, ¿vienes al hospital a ver a Vera y no fuiste capaz de traerle ni un detallito?

Leonor le echó una mirada cargada de frialdad a Josefa:

—Ya trapeó el piso con la dignidad de la familia Muñoz, ¿y todavía quieren que le traiga regalos? ¿Acaso no tiene vergüenza?

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