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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 896

—Claro que no. Además, tu madre ya me había advertido que eres de los que tardan en madurar en temas del corazón.

—Es normal que te sientas un poco abrumado si estás experimentando todas estas emociones por primera vez. No te preocupes.

—...

Romeo no esperaba que su sinceridad terminara siendo motivo de burla para Amaya. Entre risas y resignación, le dijo:

—Ami, yo te estoy hablando en serio y tú te burlas de mí.

—Ay, ¿ya te ofendiste? —El rostro de Amaya se iluminó con una sonrisa radiante—. Definitivamente, los que se enamoran por primera vez son de cristal.

Las orejas de Romeo se tiñeron de rojo al instante. —...

De pronto, sintió que, como hombre a su edad, tener tan poca experiencia romántica resultaba algo bastante vergonzoso.

Pero rápidamente, un gesto inesperado de Amaya disipó toda su incomodidad.

Ella se puso de puntillas, frunció ligeramente sus labios rosados y depositó un suave beso en los de él.

Ese beso fue como un relámpago inesperado que dejó a Romeo completamente rígido, como si hubiera recibido una descarga eléctrica.

Al encontrarse con los ojos juguetones y llenos de vida de Amaya, la barrera se rompió.

Romeo ya no pudo contener ese fuego abrasador que llevaba reprimido durante días y que no había encontrado por dónde salir.

Con un movimiento brusco, la acorraló contra la puerta de la habitación.

Sus largos dedos se enredaron en el cabello de ella, y su pulgar, casi por instinto, acarició sus labios, suaves como la gelatina, un par de veces.

No pudo aguantar más.

En ese instante, el impulso fue como un demonio que rompió el sello que mantenía cautivo su corazón.

Con una mirada profunda y nublada por el deseo, contempló a la hermosa y delicada mujer frente a él, esbozó una media sonrisa y la besó.

Sus labios eran increíblemente suaves y dulces. Lo cautivaron en un segundo.

En el instante en que sus lenguas se encontraron, Romeo finalmente comprendió lo embriagador y maravilloso que era besar a la mujer que amaba.

Amaya sintió que la mente se le nublaba; su cabeza se quedó completamente en blanco.

Se quedó inmóvil, tratando de controlar su respiración agitada. Su pecho subía y bajaba con fuerza, y por un momento no supo cómo reaccionar, limitándose a corresponder el beso de manera pasiva.

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