—Durante estos últimos cinco años, desde que te fuiste al extranjero con Romeo, los Muñoz hemos vivido en paz. ¡Pero apenas regresas y armas todo este circo! ¡Tal vez los demás no sepan cuáles son tus intenciones, pero yo las tengo clarísimas!
Las lágrimas de Vera caían a cántaros, pero se le hizo un nudo en la garganta y no pudo pronunciar palabra.
Josefa quiso intervenir por instinto, pero apenas abrió la boca, Leonor la fulminó con la mirada, obligándola a guardar silencio al instante.
Sonia y su esposo, Ireneo, estaban enterados del escándalo que había ocurrido hace cinco años.
Que Leonor sacara el tema de forma tan directa frente a ellos los hizo morirse de vergüenza en ese mismo momento.
Sonia estaba a punto de hablar, pero Ireneo se levantó de golpe y la regañó, rojo de furia:
—¡Ya aterriza, Vera! ¡Si sigues haciendo estos berrinches, las tres familias terminaremos muy mal!
—En cuanto salgas del hospital, vas a ir en persona a pedirle disculpas a Amaya. Vas a rogarle que te perdone, y de ahora en adelante, te vas a mantener alejada de tu primo. ¡Ya no provoques más chismes en toda la ciudad por un asunto tan vergonzoso! ¡Déjanos en paz!
Ireneo no pudo contener más su enojo. Tras soltarle todo ese regaño de golpe, dio media vuelta y salió de la habitación sin mirar atrás.
Vera lloraba a moco tendido, le faltaba el aire. Sus sollozos desconsolados resonaban en las cuatro paredes de la habitación.
Al verla llorar de esa manera, Sonia jaló una silla de mal humor y se sentó:
—Qué inútil eres, nada más sirves para llorar. ¿De verdad dejas que una don nadie como Amaya te pisotee de esta forma?
Sonia miraba a Vera con mucha frustración, sintiendo que le faltaba carácter.
—Es que Amaya es muy brava —la defendió Josefa por instinto—. ¡Ni yo misma puedo con ella, imagínate Vera! ¡Ya no la regañes!
Sonia cambió de objetivo y apuntó directamente hacia Josefa:
—Josefa, no es por ser mala onda, ¿pero no crees que ya perdiste toda autoridad con los Muñoz? Dejas que una extraña te pase por encima sin decir ni pío, y hasta tu propia hija se atreve a gritarte y reclamarte. ¡Si sigues así, nadie te va a tomar en serio!
Josefa hizo un puchero, sintiéndose ofendida: —Pues qué quieres que haga. Amaya está insoportable, explota por cualquier cosita y ya ni siquiera le hace caso a Diego.
—Ahora se la pasa inventando chismes sobre Vera y Diego. ¡Yo creo que su verdadero objetivo es arruinar la alianza entre los Ramos y los Ortega!



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