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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 93

Hospital, afuera de la sala de urgencias.

Amaya no podía quedarse quieta. Las lágrimas le escurrían por el rostro y temblaba sin control. Le era imposible tranquilizarse.

Jamás se le pasó por la cabeza que Vera se atrevería a atacar primero a su mejor amiga.

Al ver a Sofía cubierta de sangre, aferrándose apenas a la vida, Amaya sentía que el remordimiento la carcomía por dentro; se sentía morir de la culpa.

¡Vera era una desgraciada!

Amaya apretó los puños con fuerza, clavando la mirada en la puerta de la sala de urgencias sin siquiera parpadear.

Finalmente, el doctor salió por las puertas dobles, se bajó el cubrebocas y mostró una sonrisa tranquilizadora:

—Señora Ibarra, por suerte la paciente solo presenta heridas superficiales. No hay daño en los órganos internos y sus signos vitales están estables. Solo necesitará descansar unos días y le daremos el alta.

Amaya sintió que le quitaban un peso enorme de encima.

Saúl, que estaba a su lado, también soltó un suspiro de alivio al escuchar eso y se adelantó para hablar:

—Señora, ya hablé con el personal del hospital. En unos momentos trasladarán a la señorita Vargas a una habitación VIP privada, donde contará con la mejor atención médica posible.

Amaya asintió, pero justo cuando estaba por responder, una voz burlona y sarcástica resonó a sus espaldas:

—Vaya, vaya, Amaya, pero qué casualidad. ¿Qué haces parada afuera de urgencias? ¿Viniste a visitar a algún enfermo?

Amaya giró la cabeza lentamente. Ahí estaban Josefa y Sonia, empujando la silla de ruedas de Vera a escasos metros de distancia, mirándola con expresión de triunfo.

Sin pensarlo dos veces, Amaya se abalanzó hacia ellas y agarró a Vera por el cuello de la camisa:

—¡A mí no me vengas con tus cuentos, Vera! ¿Crees que soy estúpida y no sé quién me mandó ese mensaje anónimo?

Había acortado la distancia en una fracción de segundo. La agarró con tanta fuerza que casi la levantó de la silla de ruedas.

Josefa y Sonia se llevaron el susto de sus vidas y gritaron casi al mismo tiempo:

—¡Amaya! ¿Te volviste loca?

Josefa levantó la mano por puro instinto, dispuesta a plantarle una cachetada.

Sin embargo, antes de que su mano tocara el rostro de Amaya, una mano firme y poderosa la interceptó en el aire.

Acto seguido, la empujaron con violencia. Perdió el equilibrio por completo y cayó de sentón al piso de un solo golpe.

Capítulo 93 1

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