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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 95

A la mañana siguiente, el noticiero matutino de Solsepia soltó la bomba de inmediato:

«Dos mansiones exclusivas de la ciudad fueron consumidas por severos incendios consecutivos. Los bomberos acudieron de inmediato tras recibir la alerta y lograron controlar y sofocar las llamas. Afortunadamente, no se reportan víctimas ni heridos. Hasta el momento, las autoridades siguen investigando a fondo las causas de los siniestros. Se estima que las pérdidas directas en ambas propiedades superan los cientos de millones de pesos…»

Desde muy temprano, el celular de Amaya no dejaba de sonar; parecía que la estaban bombardeando a llamadas.

Con solo ver la insistencia con la que Diego le marcaba, Amaya ya se podía imaginar lo furioso que estaba, seguro echando humo por las orejas.

Amaya soltó una risita llena de desdén. No tenía la más mínima intención de contestarle.

Fue a la cocina a guardar en un tupper la sopa de pollo que la empleada le preparó a Sofía, y salió de la casa escoltada por sus guardaespaldas.

Antes, Saúl ya le había ofrecido ponerle seguridad privada, pero ella siempre se había negado por considerarlo una molestia.

Sin embargo, tras el incidente en el que Diego casi la deja secuestrada, decidió aceptar y escogió a un par de guardaespaldas encubiertos que le dieron buena espina, por pura precaución.

Al fin y al cabo, se estaba ganando bastantes enemigos.

Amaya se dirigió al hospital con su recipiente de comida.

Para su sorpresa, en la entrada de la habitación VIP estaba Diego, con una expresión oscurísima; era obvio que llevaba un buen rato esperándola.

Al verlo, Amaya desvió el paso instintivamente y le pasó de largo, ignorándolo olímpicamente como si fuera un fantasma.

Diego frunció el ceño y la agarró de la muñeca de un tirón:

—¡Amaya! ¿De verdad no tienes nada que decirme?

Amaya resopló con sarcasmo:

—Llevo días sin tener nada que decirte, Diego. ¿Podrías dejar de hacerme preguntas tan idiotas?

En serio, ya sentía una repulsión casi física hacia él.

Todo el amor y cariño que alguna vez le tuvo se había transformado por completo... ahora no lo soportaba ni en pintura.

Las fosas nasales de Diego temblaban del coraje:

—¡Fuiste tú quien mandó quemar la casa de los Ramos y Villa Jardín del Edén, ¿verdad?! ¡Si sigues con estos caprichos, ya no podré seguir tapándote las espaldas! ¡Vente conmigo!

Dicho esto, le dio un fuerte jalón para llevársela a rastras.

Pero esta vez, Amaya no iba a tolerar sus arranques. Con solo echarles una mirada, sus dos escoltas se adelantaron en un segundo.

Antes de que Diego pudiera entender qué pasaba, los dos guardaespaldas ya habían tirado su gran cuerpo al piso.

Diego, siendo un hombre de alto poder y prestigio, jamás en su vida había experimentado un insulto y una humillación semejantes.

El golpe lo dejó viendo estrellitas. Para cuando logró reaccionar, los dos guardaespaldas ya se habían retirado sin más.

En el pasillo desolado, solo se sentía una ráfaga de aire helado soplando en su dirección.

Diego se cubrió el ojo lastimado y la mejilla derecha inflamada por la pisada. Sus ojos ardían de pura ira y los nudillos le crujían de tanto apretar los puños.

Justo en ese momento, Josefa lo llamó por teléfono, ordenándole que fuera de inmediato a Villa Jardín del Edén, pues la policía había encontrado algo.

Las llamas habían dejado a Villa Jardín del Edén irreconocible, hecha un desastre humeante. Aquellas invaluables pinturas y antigüedades, los lujosísimos electrodomésticos y muebles que compró a precio de oro, los finos acabados y decoraciones que él mismo seleccionó con tanto esmero... Diego prefería no pensarlo, porque cada vez que lo hacía, le dolía el estómago de puro coraje.

Y lo que más le revolvía las tripas y casi le provocaba un infarto, era recordar que todavía no había asegurado la propiedad. ¡Toda esa pérdida multimillonaria tendría que salir de su propio bolsillo!

Diego salió disparado hacia la casa.

Lo que alguna vez fue un hogar acogedor, ahora era tan solo un montón de cenizas y escombros.

Incluso desde varias cuadras antes, se podía percibir el apestoso olor a humo.

Los bomberos ya se habían retirado tras apagar el fuego, dejando a varios policías y a algunos expertos trabajando e investigando la escena.

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