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Adiós al Compromiso, la Falsa Heredera contraataca romance Capítulo 116

Una semana después, Don Germán fue dado de alta.

—Todo fue gracias a la guía de la Dra. Ann. ¿De verdad está segura de que no quiere que la familia Heredia sepa que fue usted quien ideó el plan de tratamiento que hizo despertar al paciente tan rápido? Si se enteran, estarían eternamente agradecidos y su fama en el país se dispararía.

Vera escuchaba la voz al otro lado del teléfono mientras se masajeaba las sienes.

—No es necesario.

Mateo tenía razón. Ella aún no tenía su licencia validada en el país, no le convenía llamar tanto la atención.

—Entonces, permítanos registrar el procedimiento en los archivos del hospital e incluir su nombre en los créditos. Nos da vergüenza llevarnos todo el mérito.

Con voz cansada, Vera respondió:

—Yo solo propuse un esquema. Ustedes hicieron todo el trabajo duro. El mérito es suyo.

—La Dra. Ann es demasiado humilde. Adaptar las dosis y medicamentos diariamente requiere un esfuerzo mental monumental. Nuestro director espera que, cuando tenga tiempo, venga al hospital a darnos una charla. Por cierto, nuestra institución puede encargarse de tramitarle su licencia médica en el país.

Vera aceptó, aunque por ahora no tenía tiempo para eso.

Llevaba una semana entera sin dormir bien. De día, se sumergía en los reportes del instituto de investigación; de noche, se quemaba las pestañas revisando los resultados de los análisis de Don Germán para ajustar el tratamiento al milímetro para el día siguiente.

Estaba exhausta.

Planeaba volver a casa a dormir medio día de corrido, pero descubrió que tenía visitas en la oficina.

—¿Tomando litros de café otra vez? ¿Tanta es la presión del trabajo?

Bonifacio Montenegro estaba parado en la entrada de su oficina, sosteniendo un vaso de café recién hecho.

Vera agitó la mano, sin ganas de decir una palabra. Lo único que quería era encontrar una cama y desmayarse.

—Oye, al menos eres la esposa legítima de Hugo. ¿No deberías preocuparte un poco ahora que está herido?

Bonifacio ladeó la cabeza. Había ido a visitar a Hugo y lo encontró tan lastimado que apenas podía moverse, pero lo primero que hacía al despertar era buscar el teléfono para ver si tenía mensajes.

Aunque Hugo intentaba disimularlo, era obvio que estaba sufriendo porque Vera no le había escrito.

—¿Hugo está herido? —Vera frunció el ceño.

No tenía sentido. Si le hubiera pasado algo grave, los médicos del Hospital Metropolitano se lo habrían comentado.

—¿No lo sabías?

Capítulo 116 1

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