Tener una tarjeta bancaria nacional en sus manos le dio a Vera una enorme sensación de tranquilidad.
El gerente Xavier Valdez la acompañó personalmente hasta el auto y, al cerrar la puerta, no pudo contener la curiosidad.
—Señorita Ayala, si apenas hoy tramitó su tarjeta, ¿puedo preguntar cómo pagó el contrato de arrendamiento de su departamento?
—Fácil. Primero me mudo y luego les pago. ¿De qué otra forma sabrían cuánto tiempo me quedaré y cuánto deben cobrarme al final?
El gerente se quedó mudo, pero decidió no indagar más.
Mientras la asistía en el banco, vio con sus propios ojos cómo Vera transfería cien millones de pesos a su nueva cuenta como si fuera cambio suelto. Alguien con ese nivel de liquidez evidentemente manejaba contactos de las más altas esferas. No era de extrañar que el gran jefe le regalara un auto sin pensarlo dos veces.
Aunque Vera no conocía a fondo el mercado inmobiliario de la ciudad, la pregunta de Xavier fue suficiente para encender sus alarmas.
Se quedó mirando la pantalla del celular un largo rato y abrió el chat de Hugo Heredia.
Quiso confrontarlo directamente sobre el departamento, pero temía estar sacando conclusiones precipitadas y sonar paranoica. Tras meditarlo unos segundos, redactó un mensaje.
[Quiero invitarte a comer. ¿Cuándo tienes tiempo libre, Hugo?]
Bloqueó la pantalla, convencida de que un magnate de su calibre tardaría horas en siquiera notar el mensaje.
Pero la pantalla se iluminó casi de inmediato.
[Siempre tengo tiempo.]
Vera buscó rápidamente en internet los restaurantes más exclusivos de Ciudad Luzara y seleccionó el de precios más prohibitivos.
[¿Restaurante Azure, mañana a las cuatro de la tarde?]
Al leer el nombre del restaurante, Hugo esbozó una sonrisa impecable. Tecleó una afirmación breve y luego levantó la vista hacia su asistente.
—Tráeme todos los contratos pendientes de esta semana. Hoy me quedaré horas extra. —Se ajustó sus gafas de armazón dorado, adoptando una postura de máxima concentración. De pronto, como si recordara algo vital, levantó la cabeza—. Comunícate con la gerencia del Azure. Exijo que mañana tengan reservas frescas de trufa blanca y caviar de beluga.
El asistente asintió y tomó nota. Hugo frunció el ceño y cambió de opinión.
—No. Lleva años viviendo en el extranjero, seguramente está harta de la comida internacional. Deben preparar lo mejor de la alta cocina local.
—Entendido, señor —anotó el asistente.
Hugo seguía inmerso en su propia planificación.
—Mejor diles que preparen el menú de 'Bocados del Paraíso'. Estoy seguro de que le encantará.
—Anotado, señor.
El asistente ya ni siquiera se inmutaba. Desde que el amo y señor de la corporación Heredia se enteró de que Vera Ayala regresaba al país, vivía en un estado de euforia hiperactiva.

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