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Adiós al Compromiso, la Falsa Heredera contraataca romance Capítulo 14

Vera no había pisado el país en seis años. Se fue siendo menor de edad, por lo que jamás tuvo necesidad de tramitar una cuenta bancaria nacional.

Últimamente, solo había estado moviéndose con efectivo.

Ante las miradas críticas del vendedor y de Santiago, mantuvo la compostura y sacó su teléfono.

Justo cuando estaba a punto de hacer una llamada, el gerente general de la agencia salió apresurado de su oficina.

—¿Señorita Ayala? Escuché que acaba de llegar del extranjero. Qué coincidencia, tenemos alianzas directas con los bancos. Si me lo permite, yo mismo la acompañaré a tramitar sus cuentas VIP. ¿Le parece bien?

Vera parpadeó, un poco sorprendida, pero no le dio muchas vueltas al asunto.

Asumió que su colega, Lucas, debía haber movido hilos por ella.

Sin rechazar la cortesía del gerente Xavier Valdez, comenzó a caminar hacia la salida, pero antes le dirigió una última mirada a Santiago.

Él seguía viéndola con profundo desdén. Vera le devolvió una sonrisa cargada de enigma.

—Por cierto, hace unos meses encargué un auto desde el extranjero. Debería haber llegado a esta sucursal hace un par de días —comentó Vera.

El gerente asintió con entusiasmo de inmediato.

—¡Ah, se refiere al superdeportivo de edición limitada! Llegó antier. ¿Desea que se lo preparemos para llevárselo hoy mismo? Aunque, si me permite la sugerencia, no es el vehículo ideal para el tráfico diario de la ciudad.

Xavier lo recordaba a la perfección. El «Sombra Espectral» era un superdeportivo con solo unas cuantas unidades en todo el mundo. Los pocos afortunados que lograban asegurar uno debían pagar depósitos estratosféricos y liquidar el costo total el mismo día de su lanzamiento.

—No, en realidad quería informarme sobre los próximos eventos del sector. Tengo intenciones de ceder el Sombra Espectral para la exhibición del auto show.

Santiago Ayala tenía una obsesión casi enfermiza por las carreras y los autos de lujo.

Si el Sombra Espectral aparecía en Ciudad Luzara, Vera estaba segura de que él perdería la cabeza por verlo de cerca.

—¿De verdad está dispuesta a exhibirlo? ¡Es una noticia fantástica! Si le parece bien, expóngalo a nombre de nuestra agencia. Justo tenemos el auto show más importante de la temporada la próxima semana.

Xavier estaba eufórico. Ese auto era un imán de prestigio; atraería a la élite más exclusiva de la ciudad.

—Me parece perfecto. Solo asegúrese de enviarme una invitación VIP para el evento.

Vera aceptó de inmediato y no pidió un solo peso a cambio.

Su único objetivo al exhibir el auto era ver la cara de desesperación de Santiago al tener su mayor sueño frente a él y saber que jamás podría tocarlo.

—Este... la señorita Ayala no eligió ningún modelo, señor Ayala. Solo nos ordenó que preparáramos el auto más cómodo y lujoso que tuviéramos para pasajeros —aclaró el vendedor.

Santiago resopló con más arrogancia.

—Se los advierto, esa mujer no tiene un peso. Solo está fingiendo ser rica usando el apellido de nuestra familia. Hacerle el papeleo será una pérdida de tiempo.

Según él, todas las tarjetas que los Ayala le habían dado ya estaban bloqueadas. Su paseíto por el banco solo terminaría en una humillación monumental.

El empleado conocía a Santiago; después de todo, era uno de los herederos reconocidos de los círculos altos de Ciudad Luzara. Por eso, bajó la voz y le confesó un secreto:

—La verdad es que el auto de la señorita Ayala es un regalo directo del dueño de la concesionaria. Ella no tiene que pagar absolutamente nada.

El rostro de Santiago palideció al instante.

Esa agencia era la más exclusiva y hermética de toda la capital. Nadie sabía a ciencia cierta quién movía los hilos detrás de ella, pero conseguían modelos imposibles, tanto nacionales como importados. Tenían conexiones que asustaban.

¿Y ese jefe tan poderoso y misterioso le estaba regalando un auto a Vera?

«Seguro está usando nuestra influencia para estafar a gente importante. La próxima vez que la vea, le daré una advertencia que no olvidará».

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