Entrar Via

Adiós al Compromiso, la Falsa Heredera contraataca romance Capítulo 20

—¡A ti qué te importan esos tecnicismos legales! ¡Tú solo cierra la boca, firma el papel y devuélveme lo mío! —exigió Ofelia, desesperada y al borde de un ataque de histeria.

Vera la ignoró y mantuvo su intensa mirada sobre Alfredo.

—¿Tú opinas lo mismo?

—Sí —respondió Alfredo, con frialdad absoluta.

Vera dejó caer el contrato sobre el escritorio.

—Perfecto. Puedo firmar. Pero parece que a mi brillante hermano mayor se le escapa un factor crucial en la ecuación.

Alfredo entrecerró los ojos, midiendo sus palabras. Vera le sostuvo la mirada, con esa media sonrisa venenosa que lo descolocaba.

—Actualmente, soy dueña del treinta por ciento de las acciones de esta planta, lo que me convierte en la accionista mayoritaria. Si quieren que les ceda el control absoluto, un simple contrato no tiene ninguna validez. Requieren convocar a una junta directiva extraordinaria, conseguir la firma notariada de todos los socios minoritarios y, sobre todo, presentar una justificación financiera legal para mi repentina salida.

—¡Tú no llevas la sangre de esta familia! ¡Esa es justificación suficiente para echarte! —gritó Ofelia, fuera de sí.

Vera soltó una carcajada cristalina.

—¿Y dónde están las pruebas?

Ofelia se quedó muda por un segundo, hasta que la realidad la golpeó como un balde de agua helada.

—¡¿Pruebas?! ¡Basta con obligarte a hacerte una prueba de ADN! ¡Solo espérate y verás!

Ofelia dio media vuelta y salió corriendo de la oficina. Alfredo la observó con evidente preocupación y le ordenó a su asistente que la siguiera de inmediato para protegerla.

Una vez solos, Alfredo arrebató el contrato de la mesa, apartándolo del alcance de Vera.

—¿Esas son las mañas que aprendiste en el extranjero? ¿A extorsionar y manipular los bienes ajenos?

El reproche cargado de asco hizo que Vera mostrara un ligero rastro de sorpresa.

Lo observó con una sonrisa que no llegó a sus ojos.

—Seis años sin vernos, y jamás imaginé que tus palabras se volverían tan ruines, Alfredo.

Llevaba puesto un discreto auricular Bluetooth.

—Doña Paula... si no la arrastramos a hacerse la prueba de ADN, la junta directiva nos bloqueará y no tendremos ninguna base legal para exigirle las acciones en medio de esta auditoría. ¿Qué más podemos hacer?

Los ojos de Ofelia destilaban veneno. La mujer al otro lado de la línea guardó un tenso silencio antes de responder:

—Solo es una revisión rutinaria del gobierno. ¿Qué importa si se pavonea un par de semanas más? Mi niña hermosa, yo fui tu madre durante diecisiete años, todo lo que te digo es por tu propio bien. Si los Ayala la obligan a hacerse el ADN, la alta sociedad creerá que tu familia duda de tu identidad, y Vera usará ese drama mediático para sacarle más dinero a los contactos de tus padres.

Ofelia se mordió el labio, impaciente.

—Pero el control de la planta...

—Escúchame bien. Tu madre biológica es una mujer blanda. Si Vera, con los millones que maneja, logra corromper el laboratorio y falsifica los resultados para que el papel diga que sí es hija legítima de los Ayala... despídete para siempre de esa herencia.

Al escuchar la cruda realidad, la mirada de Ofelia se tornó asesina.

—Tienes toda la razón. No importa si retraso la toma de la fábrica por ahora. No voy a permitir que su pequeña trampa funcione. Tengo que destruirla y hacer que la echen del país antes de que sea tarde.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós al Compromiso, la Falsa Heredera contraataca