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Adiós al Compromiso, la Falsa Heredera contraataca romance Capítulo 37

—Registra su propina en la cuenta del restaurante y págale el doble de sueldo este mes.

Hugo Heredia colgó el teléfono, pero la intranquilidad no lo abandonaba.

¿Acaso Vera había amenazado a Alfredo a propósito?

Dándole vueltas al asunto, decidió llamar al chofer que le había asignado a Vera.

—La señorita Ayala solo va a la Zona de Obra. Se pasa el día entero ahí y regresa muy tarde.

Al escuchar esto, la preocupación de Hugo se intensificó.

Hizo un par de llamadas más y parecía tan distraído que su asistente personal no pudo contenerse.

—Señor Heredia, los guardaespaldas que mandamos siguen ahí, y también tenemos al personal de nuestra propia agencia de seguridad vigilando la obra. No tiene de qué preocuparse.

Para el asistente, la señorita Ayala no tenía un pelo de tonta; era imposible que estuviera en peligro real.

—Además, investigué los antecedentes y el patrimonio de la señorita Ayala en el extranjero. ¿Y adivine qué descubrí? —preguntó el asistente con tono conspirativo.

Hugo alzó la mano, cortándolo en seco.

—De ahora en adelante, no quiero que la investigues a mis espaldas sin mi autorización. Y guárdate lo que sea que hayas encontrado.

La relación entre él y Vera no pasaba de ser una alianza. Cuando ella estaba destinada a casarse y unirse a la familia Heredia, él jamás ordenó investigarla. Ahora que su conexión con la familia era tan tenue, mucho menos.

El asistente torció el gesto. En realidad, no había descubierto absolutamente nada, y eso era lo que hacía todo tan alarmante.

¿Qué clase de recursos y conexiones tenía la señorita Ayala en el extranjero para poder borrar su rastro y ocultar toda su fortuna de manera impecable?

Pero si el jefe ordenaba callar, él no abriría la boca.

***

En la construcción, Vera se estiró perezosamente. Tras notar por tercera vez a un tipo sospechoso que la espiaba desde lejos, se puso de pie con decisión.

—Voy al baño.

Cerca de la zona solo había unos baños temporales en un rincón apartado.

Vera caminó entre los paneles de metal y disminuyó el paso a propósito, aguardando cerca de la entrada.

—¿Tú eres Vera Ayala?

El ruido de varias pisadas se escuchó a sus espaldas. Vera arqueó una ceja; habían mordido el anzuelo.

Al girarse, un palo de madera se dirigió directamente hacia su rostro.

Pero...

Capítulo 37 1

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