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Adiós al Compromiso, la Falsa Heredera contraataca romance Capítulo 46

La advertencia de Vera hizo que toda la familia Ayala empezara a perder los estribos.

—Bueno... no hay que preocuparse tanto. Seguro que lo que dijo no es verdad.

Al ver a su marido tan alterado, Pandora intentó calmarlo contándole lo que había presenciado en las instalaciones de CFT.

Ofelia fue la primera en estallar en una carcajada.

—Mamá, ¿de verdad la viste limpiando baños en CFT?

Pandora negó con la cabeza suavemente.

—No exactamente. La vi bajando las escaleras con una cubeta de agua sucia y un trapeador. Quizás solo lo imaginé.

Ofelia soltó un bufido despectivo.

—Ella estudió finanzas, ¿qué rayos podría estar haciendo en CFT? Pensé que al menos tendría un puesto decente, pero veo que solo usa el nombre de la empresa para dárselas de gran señora.

Pandora frunció el ceño. Hacía años que no pisaba el mundo laboral y estaba desconectada de esa realidad.

En su cabeza, si alguien llevaba un trapeador, no podía ser otra cosa que personal de limpieza.

—Alfredo, estuviste en el extranjero mucho tiempo. ¿No tienes información clasificada sobre CFT?

Ofelia miró a su hermano mayor. Si lograba asegurar un contrato de colaboración con CFT para su familia, le daría a Vera la bofetada más grande de su vida y la obligaría a regresar al extranjero arrastrándose.

—Tengo entendido que el CEO de CFT actualmente es un profesor muy joven, de apellido Castillo.

Ofelia entrecerró los ojos. Parecía que tendría que ir a buscar a Patricio Heredia.

Estaba decidida a aprovechar cualquier oportunidad para desenmascarar a Vera y mostrarle al mundo quién era realmente.

Mientras tanto, en la sede de CFT Global, Vera estaba sentada en la silla de la vicegerencia general de la sucursal, revisando los planes a futuro y las propuestas de alianzas estratégicas.

—Las patentes que acaban de ser aprobadas y lanzadas al mercado irán directamente al Grupo Heredia. En cuanto a lo demás...

Vera examinó las carpetas de las distintas empresas nacionales que buscaban asociarse. Entre ellas, apareció el logotipo de la empresa de la familia Jiménez.

—Los Jiménez tienen una tradición ancestral en la fabricación de medicinas. Son pioneros en la medicina natural. Es una lástima que, tras el deterioro de la salud del abuelo Jiménez, nadie en las nuevas generaciones haya sabido mantener su legado. La empresa está en picada.

Vera bajó la mirada, inmersa en sus pensamientos. Por supuesto que conocía la historia de los Jiménez.

Esa era la familia de su madre.

Cuando Pandora se casó, los Jiménez le dieron como dote una pequeña pero muy lucrativa farmacéutica. Fue precisamente esa fábrica la que catapultó a Nicanor hacia la élite empresarial de Ciudad Luzara.

—Si le interesa colaborar con ellos, puedo pedirle al equipo que inicie las gestiones.

—Entonces cambien de estrategia. Investiguen directamente a Ofelia Ayala. Ella ha vivido aquí durante veintitrés años, su vida debe dejar algún rastro. Empiecen por la gente de su entorno. Tengo entendido que tiene una madre adoptiva... Doña Paula.

Vera entrecerró los ojos. Doña Paula...

Una mujer enfermiza, que dependía de que una niña pequeña recogiera botellas en la calle para pagarle los remedios caseros... y que, mágicamente, diecisiete años después, logra localizar con precisión quirúrgica a la verdadera familia millonaria de la niña en una ciudad tan grande como Luzara.

Olía demasiado a podrido.

—Entendido —afirmó el vicepresidente con absoluta seriedad.

Vera reanudó su marcha, deslizando la elegante invitación en su bolso. Por alguna razón, la imagen de Hugo Heredia se cruzó por su mente.

[¿Te interesa ir a la Gala Automotriz de Élite?]

Al mismo tiempo, Hugo sostenía en sus manos una invitación idéntica. Al leer el mensaje en la pantalla de su teléfono, una sonrisa se dibujó en sus labios.

[Si a ti te interesa, a mí también.]

Vera le envió un «Perfecto». Hugo, que casi nunca sonreía, sintió que su rostro se iluminaba por completo.

Abrió su propia invitación y no pudo evitar releer, una y otra vez, el nombre impecablemente grabado en ella:

«Invitada de Honor: Señorita Vera Ayala».

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