Después de almorzar con Hugo, Vera se enfocó de lleno en su trabajo.
La construcción de la farmacéutica de CFT Global concluyó y, además, la equipó con un Centro de Investigación Avanzada de primera línea.
El día del corte de cinta, prácticamente toda la élite de Ciudad Luzara estuvo presente.
El evento fue tan multitudinario como la fiesta de compromiso que se organizó cuando Vera volvió al país.
Por supuesto, también hubo un par de invitados no deseados.
—Es la inauguración de CFT y ni siquiera nos mandaste una invitación a tu familia. ¡¿Acaso ya no me respetas como tu padre?!
Nicanor fue a buscarla a los camerinos para reprenderla.
Vera no pudo evitar soltar una carcajada.
—Si mal no recuerdo, frente a la estación de policía, el señor Ayala dijo claramente que no era mi padre.
Nicanor se sintió avergonzado, pero rápidamente adoptó una actitud prepotente.
—Fueron palabras dichas en un momento de rabia por un padre. ¿Vas a guardarme rencor toda la vida por eso?
—Dígame, señor Ayala, ¿a qué vino con toda la familia? ¿Qué es lo que quiere?
Vera no quería gastar saliva con él. Si Nicanor había tomado la iniciativa de buscarla, sin duda era por dinero.
Tal como lo sospechaba, Nicanor habló con tono grave:
—Me enteré de que tienes un auto deportivo que costó ochenta millones, y que ahora vale mucho más.
Vera lo miró con una sonrisa que no llegó a sus ojos. Esa burla implícita hizo que Nicanor se sintiera profundamente incómodo.
—La familia Ayala está en apuros. Vende ese auto.
Vera apoyó la mejilla en su mano y lo miró con pereza.
—En un momento haré que le transfieran doscientos mil pesos. Es el equivalente a lo que su esposa me dio durante esos dos años, más los intereses acumulados.
—¿Doscientos mil pesos? ¿Para qué me sirven doscientos mil pesos? —Nicanor la fulminó con la mirada—. ¡¿Crees que me vas a callar con eso?!
Vera alzó las cejas, fingiendo sorpresa.
—Ah, es verdad. Después de un tiempo mi madre me mandó unos cuantos miles más.
Abrió su cartera, rebuscó un momento y sacó una tarjeta bancaria impecable.
—Sin embargo, para ese entonces yo ya no usaba esa cuenta. No toqué ni un solo centavo de lo que me mandaron después. Tómela, llévese todo.

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