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Adiós al Compromiso, la Falsa Heredera contraataca romance Capítulo 57

Ofelia y Nicanor fueron expulsados del salón de eventos, con los rostros desencajados de ira y humillación.

Mientras tanto, el hermano de Nicanor, Ramiro, estaba a punto de ser sentenciado. Doña Beatriz iba todos los días a armar escándalos a la casa.

—Tengo una idea —dijo Ofelia, haciendo que todas las miradas se centraran en ella.

Disfrutando de la atención, continuó:

—Solo tenemos que obligar a Vera a vender ese auto. Con eso, el problema de mi tío Ramiro se solucionará de inmediato.

—Esa mocosa desgraciada ahora se cree intocable. ¿Quién va a obligarla a vender el auto? —La esposa de Ramiro blanqueó los ojos, sintiendo que la propuesta era inútil.

Si Vera realmente quisiera hacer algo por la familia Ayala, no habría llamado a la policía para denunciar la evasión de impuestos en primer lugar.

Ofelia desvió la mirada hacia su madre, un gesto sutil que Alfredo Ayala captó de inmediato.

Alfredo apretó los labios, con una expresión sombría.

Doña Beatriz también notó esa mirada. Se levantó de golpe, se acercó a Pandora y la golpeó sin piedad con su bastón de madera maciza.

—¡Todo es culpa tuya, desgraciada! Si no te hubieras empeñado en viajar estando embarazada, no habrías tenido ese accidente que te obligó a dar a luz antes de tiempo, y mi verdadera nieta no habría acabado en la calle. ¡Y para colmo, criaste a este tremendo problema bajo nuestro techo!

El bastón de madera sólida golpeó fuertemente el brazo de Pandora. Le dolió profundamente y se sintió humillada, pero no se atrevió a decir una palabra.

Ella también sentía que todo era su culpa.

—¡Ve a buscar a Vera! Al menos a ti todavía te respeta como a su madre. La última vez fuiste tú a buscarla y así logramos sacar a Nicanor. Esta vez tienes que obligarla a vender ese maldito auto —ordenó Doña Beatriz, furiosa.

Volvió a sentarse y bufó.

—Una mocosita comprando un auto millonario para regalárselo a un hombre... ¿Acaso está comprando amor? Si a ella no le da vergüenza, ¡a la familia Ayala sí!

Pandora murmuró con voz temblorosa:

Sin embargo, la chica siempre había sentido devoción por su madre. Tal vez si Pandora iba, aún tendrían esperanza.

Pandora lloró y negó con la cabeza.

—La última vez, para proteger a Ofelia, no mostré los comprobantes de depósito. ¿Con qué cara voy a ir a verla ahora?

Al escuchar eso, Ofelia se llenó de ira. Se dejó caer en el sofá y empezó a llorar también.

—¿Acaso esto también es mi culpa? Ustedes nunca me dijeron cuánto dinero le habían dado. ¿Qué tiene de malo que quisiera saber la verdad?

Al verla llorar, Pandora se sintió aún más culpable.

Viendo el caos en el que se había convertido su hogar, Alfredo soltó un largo suspiro.

—Basta ya. Yo iré a hablar con Vera en lugar de mamá. Si ella no quiere ayudarnos, ya buscaré otra forma de solucionar lo de mi tío Ramiro.

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