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Adiós al Compromiso, la Falsa Heredera contraataca romance Capítulo 59

Alfredo había puesto el ojo en un laboratorio médico que requería una inversión de seis millones de pesos. Una vez completado, él podría usar las instalaciones libremente, y cualquier avance o nuevo medicamento desarrollado allí quedaría bajo el nombre de la familia Ayala.

Todo estaba casi listo, pero de repente el inversionista principal retiró sus fondos.

Alfredo, desesperado, intentó contactar a los socios por todos los medios. La única respuesta que obtuvo fue:

—Nuestra presidenta dijo que ha decidido invertir en centros nocturnos.

Alfredo quiso seguir insistiendo, pero descubrió que los técnicos e investigadores que iban a formar el laboratorio ya habían sido contratados por CFT Global.

Al regresar a casa, el ambiente en la familia Ayala seguía siendo un caos.

—¿Y bien? ¿Vera aceptó vender el auto o no?

Doña Beatriz estaba desesperada, muy angustiada por el destino de su hijo menor.

Alfredo apretó los labios y negó con la cabeza. Había arruinado todo.

Doña Beatriz fulminó a Nicanor con la mirada.

—¡No me importa si tienen que vender la empresa o la casa! ¡Tienes que sacar a tu hermano de la cárcel como sea!

Nicanor apretó los puños, amargado y furioso.

—Él fue el que tuvo la audacia de evadir impuestos. ¿Qué se supone que debo hacer yo?

Al ver la furia de su hijo mayor, Doña Beatriz no se atrevió a gritarle. Temía que si lo provocaba demasiado, Nicanor realmente abandonara a su hermano, así que decidió desquitarse con Pandora.

—Sin embargo, Vera me dio una tarjeta.

Alfredo intervino a tiempo, desviando la atención de su abuela.

Ofelia, que hasta ese momento se había mostrado indiferente mientras se miraba las uñas, levantó la cabeza.

—Alfredo, de verdad que te pasas. Si Vera aceptó ayudar, ¿por qué asustaste a la abuela? Casi haces que golpeen a mi mamá.

Alfredo no esperaba que su propia hermana dijera algo así. De pronto, sintió un nudo en el pecho, y la imagen del rostro decepcionado y frío de Vera acudió a su mente.

Apretó los labios y puso la tarjeta sobre la mesa.

—No es el dinero de la venta del auto. Es lo que mamá le mandó a ella durante todos estos años.

Vera, que en ese momento estaba revisando opciones de inversión en centros nocturnos, miró el mensaje con una expresión gélida.

Su asistente notó su mirada, dudó un momento y luego le retiró las carpetas de los clubes.

—El señor Castillo me indicó que, si se presentaban asuntos familiares, le diera prioridad a eso y no la agobiara con tanto trabajo.

Vera hizo girar un bolígrafo entre sus dedos, sintiendo ganas de reír ante la ironía.

—¿Asuntos familiares? Vienen a sacarme dinero, no es ningún secreto.

Lo pensó por un momento y le respondió a Pandora.

[No estoy en Ciudad Luzara. Me fui a descansar a San Miguel. Si es muy urgente, búscame aquí o espera a que regrese.]

Si la familia Ayala estaba tan desesperada por su ayuda, obligarían a Pandora a viajar a San Miguel para verla.

Su madre adoptiva era una mujer demasiado sentimental. Una vez que la tuviera frente a frente en San Miguel, podría interrogarla sutilmente sobre el supuesto accidente automovilístico y la cesárea prematura que ocurrió veintitrés años atrás.

Hasta el día de hoy, le parecía absurdamente ilógico que alguien se hubiera infiltrado en un hospital legítimo solo para intercambiar a un bebé al azar.

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