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Adiós al Compromiso, la Falsa Heredera contraataca romance Capítulo 73

Para cuando Bonifacio salió corriendo, Vera ya se había ido en coche.

Él levantó una ceja, intrigado, y se dirigió directamente a la empresa de Hugo.

—La muchacha que tanto cuidas desapareció, la perdí de vista.

—Tiene nombre y apellido. No la llames así la próxima vez —respondió Hugo con calma, cerrando su bolígrafo, sin sorprenderse de que la hubiera perdido—. Ya volvió a casa. ¿Pasó algo en el bar?

Bonifacio se recostó en el sofá, tomó una fruta del plato de visitas y habló mientras comía:

—Pasó algo, pero no le pasó a ella.

Un rastro de diversión brilló en los ojos de Hugo. Al notarlo, Bonifacio no pudo evitar sentarse derecho.

—¿Aún te ríes? No viste a esa chi... no viste la crueldad con la que atacó Vera. Le sonrió y le soltó una patada. ¡Y con tacones! Dejó a ese imbécil de Hernán Kallas tirado un buen rato.

—¿Te sorprende? Si no tuviera agallas, ¿cómo habría sobrevivido en el extranjero? Ella no es como la mayoría de los estudiantes de intercambio.

Hugo habló con cierta ternura en la voz, y Bonifacio lo miró estupefacto.

—De acuerdo, tú la conoces mejor. Vera es muy extraña. A mi abuelo ya no le afecta nada por su edad, sin importar cómo sea Vera, pero contigo es diferente.

Si hoy Bonifacio había ido obedientemente al bar, fue por su amigo. Quería ver qué clase de persona era Vera realmente.

El resultado había superado sus expectativas.

—No la subestimes. Ella tiene mucho más dinero y recursos que yo —dijo Hugo, girando el bolígrafo con orgullo—. Entre ella y yo, soy yo quien aspira a estar a su nivel.

Bonifacio se quedó con la boca abierta, olvidando masticar la fruta que tenía dentro.

Por Dios, ¿este era el mismo amigo de toda la vida, ese témpano de hielo arrogante y orgulloso?

¿De verdad esas palabras habían salido de su boca?

***

Ver a Hernán le hizo recordar a Vera su época en la preparatoria.

De mal humor, decidió regresar a casa.

Su vida era un ciclo interminable de estudio y trabajo. No hablaba con nadie, carecía de vida social. Las escasas palabras que pronunciaba al mes eran para negociar con los jefes de las empresas para las que trabajaba.

—Recuerdo que cuando llegaste a la casa del mentor, los tres pensamos que eras muda. Tu compañera incluso aprendió lenguaje de señas por ti, y al final nunca lo usó.

Mateo volvió a reír, y al recordar aquel detalle divertido, Vera no pudo evitar soltar una carcajada.

Cualquier rastro de tristeza e irritación desapareció por completo. Se sentó en la cama, sonriente, y habló con un tono zalamero:

—Mateo, Adrián es increíble. Con él como vicepresidente, en la empresa casi no tengo nada que hacer.

Aún no tengo ninguna pista sobre mi verdadero origen, y no quiero andar por ahí encontrándome con esa gente odiosa. ¿Qué tal si envías el equipo de una vez para que pueda centrarme en los experimentos?

Vera realmente necesitaba mantenerse ocupada. Mientras no hubiera avances en la investigación sobre su pasado, se negaba a quedarse de brazos cruzados.

—Sabía que no podías quedarte quieta. Estos días he estado gestionando la aprobación de los equipos, ya conseguí un vuelo especial para el transporte, solo espera noticias mías.

Vera soltó un grito de alegría.

—No dejes que nadie arruine tu día. En un mes aproximadamente estaré de vuelta en el país. Nadie se atreverá a hacerte pasar un mal rato.

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