—Mateo, yo soy tu verdadera madre... —le dijo con la voz temblorosa.
—¡No quiero que seas mi mamá! ¡Quiero que la tía Jime sea mi mamá! ¡Eres mala! ¡No te quiero!
Gabriela sintió que el aire abandonaba sus pulmones. Jamás se imaginó que el hijo por el que casi pierde la vida al dar a luz, la odiaría con tanta fuerza.
Su suegra, Viviana, se acercó con el rostro endurecido por la rabia. Tomó del brazo al histérico Mateo y esquivó la mirada herida de Gabriela. Habló con un tono cortante, afilado como una cuchilla.
—¿A qué viniste? ¿A humillarte sola? Vete a casa de una vez, deja de hacer el ridículo aquí. Te lo digo por tu propio bien.
—¿Humillarme sola?
Gabriela soltó una carcajada amarga. Pasó la mirada de Viviana a Enzo, luchando por contener las lágrimas que amenazaban con desbordarse.
Llegó a pensar que, después de que todos le dieran la espalda hace siete años, al casarse con Enzo y formar su propia familia, jamás volvería a sentirse abandonada.
Pero se equivocaba. Desde el principio, la única persona que había estado a su lado era ella misma.
—Enzo, quiero el divorcio —dijo, con una calma espeluznante.
Sin gritos. Sin histeria. Sin pedir explicaciones.
Y tras pronunciar esas palabras, se dio la vuelta y comenzó a caminar.
Al ver la espalda de Gabriela alejándose con tanta determinación, Enzo sintió que el pecho se le oprimía de golpe.
En siete años, nunca la había visto actuar de esa manera.
—Gabriela... —murmuró, dando un paso al frente por puro instinto para detenerla.
Pero en ese instante, un ruido seco resonó a sus espaldas.
*¡Plaf!*
Silvio Sosa acababa de cruzarle la cara a Jimena de una bofetada descomunal.
—¡Jimena Sosa! ¡¿Me quieres explicar qué diablos significa esto?! —rugió el hombre.
Jimena se llevó la mano a la mejilla, mirando a Enzo con una expresión de absoluto pánico y vulnerabilidad. Los susurros venenosos y las miradas acusadoras de los invitados le drenaron el color del rostro, y de repente, sintió que le faltaba el aire. Sus ojos se pusieron en blanco y se desplomó en el suelo, inconsciente.

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