Entrar Via

Amor que Fue romance Capítulo 128

A duras penas logró contener la sonrisa que amenazaba con escaparse. Se mordió el labio con fuerza, empeñado en reprimir esa alegría que casi se le salía del pecho.

—Sí. Haré lo que digas —respondió con tono ligero, sin poder disimular del todo la emoción.

Selena ya no lo miró. Abrió la puerta del carro y bajó sin titubear, regresando con paso firme hacia el edificio de departamentos.

La ventana subió despacio, cortando el paso a la luz y al bullicio de la calle.

Isaac se dejó caer sobre el respaldo del asiento trasero, alzó la mano y cubrió sus ojos, como si así pudiera esconder el brillo que se le escapaba por dentro.

En esa penumbra, la curva de su boca fue creciendo poco a poco, hasta que ya no pudo evitar sonreír.

...

El Maybach avanzaba rumbo a la casa en Las Lomas.

Isaac se recargó en el asiento trasero. Sus dedos tamborileaban sobre el cuero caro del asiento, marcando un ritmo inusualmente animado.

No pudo resistirse. Tomó el celular, buscó el número de Felipe y marcó.

La llamada entró al instante. Del otro lado se escuchaba ruido, como si Felipe estuviera en un lugar lleno de gente.

—¿Bueno? —contestó Felipe.

—Ajá —Isaac murmuró, su voz deliberadamente neutra, casi sin emoción. Pero si uno ponía atención, podía notar una leve vibración alegre en la última sílaba.

—¿Y ahora qué quiere el presidente Méndez? —soltó Felipe, entre broma y reclamo.

—Nada importante —hizo una pausa, como si estuviera comentando cualquier cosa—. Solo que me pidió que me fuera a dormir temprano.

Al otro lado hubo dos segundos de silencio, apenas interrumpidos por el bullicio de fondo.

—… —Felipe parecía quedarse trabado—. Bueno… eso… está… chido.

—Oye, por cierto —Felipe usó ahora un tono más relajado—, te iba a contar algo. Mi primo acaba de regresar de Estados Unidos, ¿te acuerdas del gordito con el que nos trepábamos a los árboles cuando éramos niños? ¿Ese que vivía en la otra cuadra?

Isaac rebuscó en su memoria y le vino a la mente el recuerdo borroso de un niño regordete—. Sí, creo que lo tengo presente.

—Ya no está nada gordito, eh. Ahora hasta parece modelo. Recién llegó y anda diciendo que quiere armar una reunión. ¿Te late salir mañana en la noche a echarnos unos tragos?

—Va —aceptó, justo porque andaba de buen humor.

—Perfecto, yo te mando la ubicación mañana. Tú solo llega —Felipe sonaba más animado por fin.

—Nos vemos —Isaac cortó la llamada, sin más vueltas.

El interior del carro seguía sumido en la penumbra, y solo los destellos fugaces de los faros de la calle cruzaban el espacio, dibujando sombras y luz sobre su cara.

Aun así, era imposible no notar cómo la sonrisa seguía ahí, plantada en sus labios, como si nada pudiera borrarla.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Amor que Fue